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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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21 Abril 2018 04:00:00
Corregir no es violencia
Un día, en un consultorio médico, dos señoras platicaban. Queriendo o no se escucha la conversación aún sin participar en ella ni compartir las ideas o conceptos. En este caso, las señoras -aún sin conocerse- coincidían en el tema. Un tema que a mí como madre me pareció y me sigue pareciendo muy importante: La educación de los hijos.

Las dos damas comentaban acerca del comportamiento de los niños y jóvenes en estos tiempos. “Ya no se les puede decir nada” decía una de ella. Por respuesta, la otra señora comentó algo que sucedió en su hogar con su hijo, un niño de unos 8 años en ese entonces.

“¿Sabías mamá que si tú o mi papá me regañan yo puedo llamar al 911 y viene la Policía y se los llevan? Eso hizo un compañero de la escuela y se llevaron a su papá”.

“Sí, lo sÉ. Pero también sé que yo soy tu mamá y tengo la responsabilidad de educarte, así que si no te portas bien y haces algo que no es correcto tu papá o yo tenemos el deber de corregirte. Y si es necesario darte una nalgada, te la doy. Y si le quieres llamar a la Policía, hazlo, a mí no me vas a asustar”.
“Yo nada más decía”. Mencionó la señora que respondió su hijo.

El pequeño, bajó la cabeza y sonrió al escuchar las palabras de su mamá, una guapa señora, que compartía su forma de pensar. “Por eso están los niños y jóvenes como están”, fue la respuesta de quienes la escuchaban.

Lo que en ese momento puede considerarse una simple plática, se convierte en reflexión porque ese es un caso de los muchos que existen en la actualidad: La falta de disciplina en algunos hogares porque los padres no saben cómo actuar ante sus hijos; ya no se corrige porque creen que hacerlo es violencia y van a “lastimar” al niño con las palabras.

¡Por favor! ¿Cuándo las medidas correctivas en casa fueron actos de violencia? Corregir, significa “enmendar lo errado”; es reprender, amonestar, querer y pretender que se hagan bien las cosas.

En el caso de los hijos, corregir significa que los padres desean lo mejor para ellos, que sean personas de bien. Educar, no significa nada más enviarlos al mejor colegio privado para que se “codeen” con cierta clase social o económica.

Educar es enseñarles en el hogar a comportarse correctamente.

El respeto, los principios morales, los valores empiezan en el hogar. Para ello, van implícitas las medidas correctivas cuando sea necesario.

La mejor institución que ha existido, sin duda es el hogar. Y los mejores educadores y formadores de hombres y mujeres de bien, son los padres. En una formación integral, obviamente hay correcciones.

Llamarle la atención a los niños para corregir un comportamiento que no es adecuado, no es actuar con violencia; es el deber de los padres. Hay que hacer observaciones. cuando sea necesario por el bien del propio niño y de la familia.

Generaciones fueron educados con disciplina, donde la voz del padre se escuchaba y se respetaba. Si lo consideraban necesario, ellos imponían un castigo; sin duda hubo nalgadas, cinturonazos, pellizcos, estirones de orejas que a ningún niño perjudicó en su formación.

Por el contrario, esas correcciones permitieron que el niño se acordara de lo que le esperaba si se portaba mal.

Con el tiempo y al ver las condiciones en que se encuentra la sociedad, nos damos cuenta que se ha relajado mucho la disciplina. Los valores se alteraron. Cada quien pretende hacer lo que le viene en gana no lo que se debe hacer; es decir, respetando a los demás.

Los padres, educadores en otras generaciones, la mayoría no fueron universitarios, sin embargo, se guiaban por algo llamado “sentido común”.

Intuían que permitir a los niños hacer lo que quisieran iba a perjudicarlos a futuro más a ellos, a sus hijos, que a los propios padres.

Por eso quizás aquella frase de nuestros abuelos, de nuestros padres: “Prefiero que llores tú y no que lloremos todos”. Estaban conscientes que, al corregir a sus hijos desde pequeños, se podrían prevenir problemas futuros. Enseñaron a sentir respeto por sus mayores, a no tomar lo ajeno así fuera un lápiz o el borrador del compañero de clases.

¿Dolían los pellizcos? ¿los cinturonazos? ¡Claro que sí dolían! Dirán quienes recibieron esa clase de reprimenda, sobre todo los varones. A pesar de todo, muchos de ellos agradecen a sus padres, haberlos convertido en lo que hoy son: Personas de bien. Podría asegurar que le dolía más a una madre tener que imponer las medidas correctivas; porque sin duda, el dolor lo sentía en el corazón, en el alma, no en los ojos que derramaban lágrimas que en un rato se secaban y desaparecían.

Me ha dejado sorprendida que legisladores de Coahuila se hayan pronunciado por convertir la “nalgada” en agresión, en violencia; más sorprendida aún, que fuera utilizada como tema para legislar.

Los golpes que pueden dejar cicatrices los insultos que lastiman la autoestima; la agresión física o emocional, esos son actos violentos. Como un acto violento debería ser considerado también, que los políticos utilicen el dinero del pueblo para su propio beneficio. ¿Por qué no legislar sobre esos temas y acciones que siguen lastimando a los ciudadanos?

Señores legisladores no se conviertan en “levanta dedos” ni pretendan desviar la atención de temas realmente importantes. Ustedes a lo suyo.

Ser padres es un deber sagrado, por lo tanto, parte de la educación y formación de los hijos es corregir sus errores para que no se conviertan en niños caprichosos o peor aún, en “niño problema” por eso las correcciones deben hacerse a temprana edad.

No se confundan ni confundan. La violencia debe castigarse, por supuesto, siempre y cuando exista. Y corregir cuando sea necesario no es un acto de violencia.

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