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Lulú De Koster.
Lulú De Koster.
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Es periodista, egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAdeC (1995). Ha sido Premio Estatal de Periodismo, colaboradora en redacciones de periódicos locales, editorialista, productora y conductora en medios de comunicación electrónicos. Actualmente es integrante del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción (Coahuila) y los comentarios aquí vertidos son a nombre de la autora.

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07 Marzo 2018 04:00:00
Corrupción sin género
En la más reciente Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental (Encig) 2015, las mujeres representan el segmento de la población que menos advierte, es víctima o participa en actos de corrupción, es decir, en entrega de dádivas, obsequios o de dinero a cambio de agilizar un trámite en una oficina de gobierno o para evadir sanciones y multas o para dar celeridad a la sentencia en un juicio familiar, por ejemplo.

De los mil 200 hogares coahuilenses donde se aplicó esta encuesta bianual y realizada por el Inegi, más de la mitad de los entrevistados fueron mujeres que dieron su punto de vista sobre la prevalencia de actos de corrupción y la mayoría de las participantes, minimizaron el problema, al considerar como prioritaria la atención gubernamental en otros rubros como el combate de la pobreza, servicios y empleo.

No obstante, entre más alto es el nivel académico o ingreso económico de las mujeres, es más común que ellas visibilicen y señalen prácticas irregulares en el servicio público, en juzgados, servicios educativos, entrega de becas, permisos para apertura de comercios o atención médica.

La Encig revela que casi tres de cada 10 hombres entrevistados que realizaron un trámite, pago, requirieron de un servicio o tuvieron contacto presencial con un servidor público, advirtieron una mala experiencia relacionada con temas de corrupción.

Pero la cifra es menor en el caso de las mujeres, donde menos de una de cada 10, argumentó haber sido víctima de actividades deshonestas en el sector público. Es decir, es baja la exposición de mujeres a temas relacionados con la corrupción, al menos no con la prevalencia que señalan los del sexo opuesto.

El año pasado, justamente por estas fechas, cerca del Día Internacional de la Mujer, la actual secretaria de la Función Pública federal, Arely Gómez González invitó a las mujeres del país a sumarse a una exigencia de cero tolerancia a la corrupción, para prevenir, señalar y sancionar actos que afectan a la población no sólo femenina, sino a las familias, a los niños, adultos y a la población en este país.

Sin excluir a los hombres, Arely Gómez propuso impulsar la ética como un compromiso no solamente en el servicio público, también entre la ciudadanía y llamó a los gobiernos a impulsar la inclusión de mujeres en espacios de toma de decisiones en instancias públicas, organizaciones de la sociedad civil y en el sector empresarial.

Es un buen inicio, si se quiere hablar en serio de los daños que deja la corrupción y que definitivamente altera los apoyos, programas y aportes que deberían de ir en favor de las mujeres.
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