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Lulú De Koster.
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Lulú De Koster es periodista, egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAdeC (1995). Ha sido Premio Estatal de Periodismo, colaboradora en redacciones de periódicos locales, editorialista, productora y conductora en medios de comunicación electrónicos. Actualmente es integrante del Consejo de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción (Coahuila) y los comentarios aquí vertidos son a nombre de la autora.

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26 Febrero 2020 04:05:00
Corrupción y género
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Hace unos días, en la universidad, una compañera decía que los delitos relacionados o derivados de hechos de corrupción afectan de manera diferente a las mujeres y a hombres. Surgió una discusión interesante, polémica y robusta, en la que desde diferentes visiones y en un grupo multidisciplinario la conclusión fue que, en efecto, el soborno, el desvío de recursos, en enriquecimiento inexplicable, el cohecho, el tráfico de influencias, por citar alguno ilícitos que se pueden presentar tanto en la parte pública como en el sector privado son mayormente sentidos por el segmento femenino.

Y esto quizá tiene plena relación con lo que dicen los expertos. Como lo publicado por el Servicio de Información de las Naciones Unidas, desde Abu Dabi, en diciembre de 2019 y a través de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Onodc), donde consigna que la corrupción perjudica más a poblaciones vulnerables y de manera drástica a quienes viven en situación de pobreza, especialmente a las mujeres.

Y es que, en la mayoría de las sociedades incluyendo la mexicana, el género suele determinar la distribución de cargas y tipos de trabajo en diferentes ámbitos, cuando se trata del control de los recursos y su distribución hasta la toma de decisiones en el Gobierno.

Algunos estudios académicos, como lo advierte la Onodc, han mostrado que existe una correlación entre la proporción de mujeres en posiciones de poder y las medidas de corrupción, aunque hay que aclarar que esto no necesariamente significa que, a mayor nivel de participación de estas en la vida pública se puedan aminorar los índices de este delito. Y lo dijo Octavio Chávez, director de ICMA-ML, en su ponencia durante el Foro de Ética Pública que se llevó a cabo en Saltillo hace unas semanas: “las mujeres deben involucrarse más en temas de control de la corrupción”.

Pero es necesario contar con más investigaciones sobre el tema. Lo cierto es que frente a este movimiento generado en las últimas semanas en México y en la víspera del Día Internacional de la Mujer el próximo 8 de marzo, es importante reflexionar sobre los roles de género y los estereotipos que pueden o no afectar a las mujeres, al enfrentarse a la corrupción cuando acceden a servicios públicos como salud, educación, agua e higiene. Los expertos señalan que las mujeres y hombres pueden ser forzados a pagar sobornos por bienes básicos y agregan que existe evidencia de que la explotación del cuerpo puede utilizarse como moneda de cambio en la corrupción.

Se tienen ejemplos en positivo de participación de la mujer en la prevención de hechos de corrupción. En Perú, la policía de tráfico masculina fue reemplazada por mujeres, lo que tuvo un marcado impacto en los esquemas de sobornos, mediante el desmantelamiento de redes bien establecidas entre los policías de tráfico masculinos.

O como la iniciativa en Indonesia llamada Soy Una Mujer Contra la Corrupción (conocida como SPAK Indonesia), que busca incentivar la participación de la mujer en el despliegue de acciones contra la corrupción en el ámbito público.

Y aquí en Coahuila, gracias a la reforma de julio de 2019 a la Ley del Sistema Anticorrupción del Estado, el Consejo de Participación Ciudadana del SEA, se tiene la garantía de que estará integrado por tres miembros (de un total de cinco) de un mismo género, priorizando así la incorporación de mujeres en este colegiado. Esto sin duda, es un avance digno de reconocerse.
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