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Juan Latapí
Juan Latapí
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08 Abril 2018 03:10:00
Cortar por lo sano
CADA DÍA QUE PASA, OPERA en su contra y mientras no marque distancia de su antecesor, de manera clara, seguiremos creyendo que Miguel Riquelme es parte de “más de lo mismo”, producto de un proceso electoral plagado de irregularidades y manchado por la duda.

APENAS A PRINCIPIO DE DICIEMBRE pasado, en este mismo espacio decíamos que la muy discutida decisión del Tribunal Electoral –sin atender aún las denuncias- dictaminó que había nuevo gobernador legal. Legal, sí, pero no legítimo. Y aunque parezcan sinónimos esas palabras, hay diferencia. Lo legal lo determina la ley mientras que lo legítimo se gana con hechos y se demuestra en obras.

INCONTABLES COAHUILENSES –ESCRIBÍA CATÓN POR aquellas fechas- piensan que este Gobierno será una lamentable continuidad del moreirato y que el nuevo gobernador estará sujeto a los dictados de su antecesor. Suponemos que para legitimarse de entrada deberá tomar distancia y romper todo vínculo con su antecesor.

EL PASADO 10 DE MARZO cumplió 100 días el gobierno de Riquelme y aún no se han visto acciones que marquen esa distancia tan necesaria; no se ha visto aún nada respecto a investigar los delitos del pasado, principalmente las tragedias de Allende y Piedras Negras. Ni tampoco

RESPECTO A LA MEGADEUDA–SOSPECHOSA Y opaca- que en vez de disminuir aumentó durante los últimos seis años para rebasar ya los 40 mil millones de pesos. Ni mucho menos ante el problema de la corrupción, como es el caso de las empresas fantasmas y el desvío de 160 millones de pesos, además del desfalco en las pensiones del sindicato de maestros.

PEOR AÚN, MUCHAS DE SUS promesas de campaña continúan siendo todavía promesas. Ahí están las promesas de garantizar el abasto total de medicamentos y “si el gobierno no tiene las medicinas que necesitas, el gobierno te las paga”. Ahí están las promesas para eliminar el fuero de todos los servidores públicos y la obligación de presentar su 5 de 5. También ahí están las promesas de crear una policía especializada en prevención de delitos del fuero común, profesionalizar los cuerpos policiacos incluyendo mejores sueldos, la modernización de los Ministerios Públicos y garantizar el respeto a los derechos humanos. Ahí están las promesas para eliminar la corrupción, los privilegios y la ineficacia. Ahí están las promesas de hacer realidad llegar a contar con el mejor Sistema Estatal Anticorrupción del país fortaleciendo su autonomía. Sólo promesas.

APENAS ANTIER, EN ESTAS MISMAS páginas, Gerardo Hernández cuestionaba si “¿tienen ya Riquelme y su equipo el control del sistema de espionaje operado por Moreira II, quien dedicaba las primeras horas de cada mañana a escuchar, con euforia patológica, grabaciones de sus enemigos, reales o ficticios, (políticos, empresarios, colaboradores, líderes religiosos, periodistas) para después organizar con su alter ego, David Aguillón, campañas negras? ¿Le siguen el ritmo a Riquelme sus colaboradores o prefieren la grilla y el futurismo en sobremesas eternas?” Afirma Gerardo con justa razón que “el compromiso de Miguel Riquelme con Rubén Moreira ya expiró; al rendir protesta como gobernador, su única obligación pasó a ser con los coahuilenses, ya ni con su partido, cuyo voto significó apenas el 38 por ciento del emitido el 4 de junio”. Hay que recordar que del millón 264 mil votos emitidos (apenas el 60.5 por ciento de la lista nominal), 758 mil fueron contra el PRI y 482 mil para su candidato Riquelme.

NO LA TIENE FÁCIL RIQUELME pero en sus manos están diferentes elementos que le pueden permitir que su investidura legal se transforme en legítima. A pesar de que está contrarreloj, aún tiene tiempo para tomar las acciones que marquen esa distancia de sus antecesores, aunque hasta el momento los hechos son poco alentadores.

SIN EMBARGO, MIENTRAS MÁS SE tarde en cortar el cordón umbilical y en demostrar con hechos que no forma parte del moreirato, seguiremos creyendo que su gobierno está sujeto a los dictados de su antecesor, y eso, cada día que pasa se traduce en menos votos para su partido en las próximas elecciones, que de por sí no entiende.

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