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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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27 Febrero 2018 04:00:00
Cortejar no es acosar, compadres
Karla Souza, sin duda buena actriz mexicana, declaró en días pasados haber sufrido acoso sexual, incluyendo como corolario violación de parte de un productor y director de cine, del cual no dio nombre para evitar demandas, pero que fue fácil identificar por numerosos indicios que ella misma proporcionó.

Así, se convirtió en abanderada mexicana de un movimiento que tomó intensa fuerza desde principios de año en Hollywood, llamado Time’s Up, iniciativa que pretende impulsar una ley para penalizar y castigar a todas las empresas que permiten y toleran el acoso sexual, además de sentar bases para alcanzar paridad laboral y salarial de género en todo lo relacionado con Hollywood y las agencias de talentos para el 2020.

Anticipándose a cualquier futura tragedia en caso de que la iniciativa prenda en México y recordando el doloroso caso del catálogo de actrices, Televisa se deslindó inmediatamente del director señalado por inferencia, Gustavo Loza, quien si acaso no la hizo, ya la pagó en el crudo tribunal de las redes sociales.

Y como para provocar un alud solamente se necesita una bola de nieve, como lo hicieron Dakota Johnson, Emma Stone, Shonda Rhimes, Eva Longoria y Reese Witherspoon que motivaron a muchas famosas –y otras no tanto– a levantar su voz en denuncias de diversa naturaleza, pero con la misma temática, algunas mujeres del medio nacional pensaron que era el momento de denunciar también su experiencia, pero que en alguno de esos casos su argumento pareció forzado y nada concluyente.

Tal es la declaración de la comediante Sofía Niño de Rivera, quien denunció haber sido víctima de acoso sexual por parte del periodista Ricardo Rocha, a quien le propinó uno de los mayores sustos de su vida, porque podría haberse convertido en la siguiente víctima de la hoguera social.

Se activó adecuadamente y presentó argumentos claros que demuestran la exageración de la standupera, practicante de ese estilo de comedia donde el intérprete se dirige directamente a una audiencia en vivo, que había sido invitada por Rocha a “un programa que no se acuerda cómo se llama”, y declaró que “siempre que voy con él me incomoda horrible, habla sólo de mi físico, nunca habla de mi carrera y es muy acosador”. Y si vale el comentario, la actitud de Rocha en el video del programa no parece de acosador. Finalmente, a la propia Sofía la acusa Lisi Esnaurrízar, colega de ella, también de abuso, con argumentos cada vez más difusos e imprecisos, sacrificándose por sus cinco minutos de fama.

El acoso sexual es cosa seria. Para bien o para mal se volvió una moda. Y si es cierto que debemos alzar la voz contra toda forma de delito sexual, es importante distinguir cuándo es real y cuándo imaginario. Las mujeres están empoderándose y reclamando como propio no solamente su cuerpo sino también la imagen que de él se desprende.

La declaración de Time’s Up en el sentido que los sobrevivientes del acoso sexual sean escuchados, se les crea y se les apoye accediendo a la justicia, es poderosa y debe ser tomada en cuenta. Pero es importante diferenciar la difusa línea que hay entre cortejo y acoso, abuso y agresión sexual.

Y si la conducta abusadora se da a partir de las condiciones de mayor o menor vulnerabilidad de la víctima y mayor o menor poder sobre ella del agresor, en el comportamiento de cortejo, que pudiera tener parecidos tan grandes que generen confusiones hasta de consecuencias penales, la intención no es acceder al cuerpo que se seduce sin el consentimiento, sino todo lo contrario: que el objeto de deseo llame, acepte y goce.

Pero el problema es, en todo caso, que muchas de las conductas de cortejo pueden confundirse fácilmente. El acoso sexual se manifiesta por requerimientos –verbales, no verbales o escritas– para relaciones sexuales con una persona que las está rechazando y puede darse en el trabajo, en la escuela o en algún sitio social.

En el abuso sexual se toma el cuerpo de otra persona sin consentimiento y sin violencia física. En la agresión sexual, se da actividad explícitamente sexual, sin consentimiento y mediante la violencia. Pero no hay que confundir aquello con el comportamiento de cortejo, con la excitación innata que en el hombre provoca la imagen femenina.

Si una mujer se ve deseable, el hombre expresa su entusiasmo con comportamientos preprogramados genéticos desatados por disparos instintuales, producidos por la atracción del objeto de deseo.

Espero que con la ola de denuncias no se judicialice la manifestación de las emociones que vienen de lo más profundo de la naturaleza humana, siempre y cuando se expresen con todo respeto.
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