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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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13 Enero 2017 03:00:00
Crimen nefando
El secuestro y asesinato del sacerdote diocesano Joaquín Hernández Sifuentes, de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, de La Aurora (Saltillo), coloca de nuevo al estado en las páginas de la prensa nacional y extranjera. Se trata de un hecho execrable, como otros por los cuales Coahuila es objeto de atención internacional. El Vaticano reaccionará, como antes lo hicieron el obispo Raúl Vera y el Episcopado Mexicano. Es necesario dimensionar el impacto de este crimen, al cual el bisemanario Espacio 4 dedica el editorial de su nuevo número:

“Mientras las autoridades locales se jactan de haber regresado la paz al estado, la realidad señala lo contrario. El hallazgo del cuerpo sin vida del sacerdote Joaquín Hernández, el pasado 12 de enero, refleja el grado de descomposición social que se vive en Coahuila. La noticia vuelve a poner los reflectores nacionales e internacionales sobre la entidad, no sólo por la gravedad del caso, sino por el manejo y las fallas de la investigación.

“Durante los ocho días que estuvo desaparecido el presbítero de 43 años (en la sección Iglesia de este número todavía se le presentaba en esa circunstancia), la Diócesis de Saltillo denunció la intimidación de los testigos que aportaban datos para su localización. Incluso al trascender la noticia del supuesto hallazgo del cadáver de Hernández, la Diócesis lo seguía dando como desaparecido, lo que expresa la desconfianza en torno a las instituciones de justicia.

“Si bien las causas del secuestro y asesinato no están esclarecidas, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), al referirse al caso, advirtió: ‘el crimen y la violencia destruyen lo más sagrado que tenemos: la vida’. En este sentido, el pasado 7 de enero, el periódico italiano Avvenire informó sobre la desaparición de Hernández en una nota titulada ‘México. Desaparecido otro sacerdote que lucha contra los traficantes de droga’.

El periódico europeo destaca la labor del párroco de La Aurora con los jóvenes, a quienes ayudaba “a romper con la violencia y las drogas”. Al menos 31 sacerdotes han sido asesinados en México, desde 2006. Tres de ellos, apenas el año pasado (dos en Veracruz y otro en Michoacán).

“En Coahuila, el número de personas cuyo paradero se ignora varía según la fuente. Las autoridades reconocen poco más de 200 desparecidos en los últimos años, pero las organizaciones de familiares de víctimas registran más de mil. De hecho, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fuundec) y el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, no sólo han ocupado el vacío generado por las autoridades en la materia, sino que han logrado llamar la atención sobre un fenómeno que el Gobierno minimiza, pero que lacera a los coahuilenses.

“El día que se dio a conocer la de-saparición de Hernández, el 7 de enero, se cumplieron siete años del asesinato del reportero de Zócalo Saltillo, Valentín Valdés Espinoza, otro caso relacionado con el crimen organizado que las autoridades no han podido resolver. Hoy fue el turno de otro luchador social. ¿Y mañana?

Coahuila está muy lejos de estar en paz, como las autoridades presumen. El estado está fracturado por las miles de personas que le faltan, por la impunidad y la corrupción de políticos y gobernantes. Tal parece que el hartazgo, por el clima político y social predominante, se expresará en las urnas el próximo 4 de junio. Ese puede ser el primer paso para salir de este círculo perverso”.
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