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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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16 Junio 2017 04:05:00
Crónica de una hermosa elección estropeada (Parte final)
Era una elección demasiado hermosa para ser cierta, por lo que después de concluida ésta, se dejaron ver los primeros problemas, los cuales iban desde simples incidentes por falta de preparación a los capacitadores electorales, robo de urnas en algunas casillas, hasta los confusos resultados parciales publicados por el órgano electoral local.

Y llegaron las preguntas: ¿Qué fue lo que pasó? ¿Porque si la autoridad electoral tanto federal como local, aseguraba, que todo estaba perfecto y que no había motivo para dudar de su eficacia, ahora fallaban?¿Por qué esas mismas autoridades daban resultados inconclusos y contradictorios? ¿Por qué el día de la jornada por la noche más de un candidato, con números en mano dados por el órgano electoral, aseguraba su triunfo? ¿Qué significaba realmente el silencio de estas autoridades electorales, respecto a la incertidumbre que rodeaba al resultado? ¿Por qué nadie daba una explicación formal, en cuanto a la falta de actas de jornada de más de mil casillas? ¿Dónde quedó el Instituto Electoral que incentivaría y respetaría la voluntad ciudadana? ¿Quién desapareció al supuesto instituto electoral tolerante, que no permitiría intromisiones que vulneraran su autonomía? ¿Acaso era mentira que el nuevo consejo electoral se conduciría con transparencia, equidad, apertura y diálogo?

La respuesta era evidente: Este nuevo instituto y su consejo no tenían un compromiso claro con la democracia, ya que al igual que los institutos anteriores, lo único que a ellos importaba eran los votos hayan caído como haya sido. Este Consejo no era entonces un órgano exclusivamente ciudadano, alejado de intereses y cercano a la sociedad. Este nuevo instituto electoral y su consejo no pudo en consecuencia de lo anterior, dar resultados oportunos y con certidumbre, a pesar de que la certidumbre en este proceso electoral era la mayor aportación que el nuevo instituto podía dar a la política del estado.

Para desgracia de todos y por los errores de los institutos electorales, nacional y local, de nada sirvió la participación de miles de ciudadanos que decidieron colaborar en las mesas receptoras de votos, que se capacitaron y que el domingo por la mañana abrieron las casillas para recibir al millón de ciudadanos que ocurrimos a las urnas a votar, ni eso pudo dar a este proceso la garantía de haber sido legal y creíble.

Ni hablar, ahora sólo queda esperar el mañana, el cual según los cuestionados resultados, trae una nueva conformación de las fuerzas políticas del Estado por tener una nueva mayoría. Debemos entonces, esperar a que ésta nueva mayoría sea asumida con responsabilidad y de una manera decidida para seguir fielmente el mandato ciudadano. Una nueva mayoría, que entienda, que a la contienda por estropeada que haya sido, le sigue por ser urgente, la reconstrucción del Coahuila destrozado y dilapidado. Una nueva etapa, en donde la justicia social sea la única base para la conformación de acuerdos. Que a la contienda le sigue la verdadera política como el espacio ideal para encontrar alternativas de solución a los grandes problemas. Que lo que sigue es el diseño de políticas públicas ahora sí pertinentes. Que por haber sido designados nuestros nuevos representantes deberán desde ahora y sin excusa, desde el Congreso que sí ganaron, enderezar el camino del Coahuila que vivimos.
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