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JC Mena Suárez
JC Mena Suárez
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22 Noviembre 2018 04:00:00
Cuando el invierno llegó en otoño
Usted y yo sabemos del calentamiento global, de que el clima está cambiando y que el ser humano se acaba los recursos naturales existentes en el planeta.

Vamos a iniciar la época navideña y los tiempos de decorar nuestro hogar con motivos decembrinos y ¡poner el arbolito de Navidad! Sí, ese momento tan significativo y emotivo en la casa. Pero, ¿qué tipo de árbol pondremos en esta y todas las épocas decembrinas que nos toque vivir? ¿Uno natural o uno artificial? La respuesta debería de ser obvia, pero no es así.

Las tiendas departamentales ya tienen pinos naturales en sus espacios comerciales a mil y mil 300 pesos, eso es lo que cuesta la vida de un árbol que tardó entre cinco y siete años en llegar al nivel de altura con el que fue cortado para ser vendido y satisfacer el “gusto” de un consumidor que en enero lo aventará en un depósito.

Recomendar la adquisición de un pino artificial es la encomienda. Sí. La industria produce pinos artificiales muy hermosos y algunos casi logran parecer un árbol natural. Este tipo de árbol, hasta por economía debe de comprarse porque después del primer desembolso no vuelve a realizar uno más en al menos 5 a 10 años, dependiendo del cuidado que se le dé.

Esta decisión ayuda a que no se corten árboles naturales en el mundo porque en las tiendas departamentales llegan importados de Canadá. ¿De verdad serán canadienses? ¿Quién lo comprueba? ¿Quién lo garantiza? ¿O un árbol de productores mexicanos ante uno “canadiense” no gana la batalla por la forma que le dan y el origen mismo? Pero en fin, se trata de salvar los árboles que limpian el medio ambiente y no de llevarlos de adorno por 30 días a la casa y después desecharlos. Me parece que ya no es tiempo de hacer este tipo de acciones porque la naturaleza nos grita “¡tengan cuidado!”. Un árbol artificial salva la vida de varios naturales que ya no serán demandados y que sólo estarán en un hogar por 30 días o con suerte 45.

Recordemos cómo era Saltillo hace algunos años: Lomas de Lourdes poblada de pinos, la calle Lafragua y la Central de Autobuses eran la parte limitante de la ciudad y había pinos frente a ellas, ahora hay casas. ¿Dónde están esas competencias que se hacían por los nacimientos que las familias saltillenses montaban con grandes esfuerzos e imaginación? Esos monumentales montajes del pasaje bíblico del nacimiento del Salvador. Ya no hay, y nadie los promueve, nadie se ocupa de esa tradición que cada vez es menos, pero sí somos capaces de pagar mil o mil 300 pesos por un pino natural que vamos a tirar en no más de 30 días.

Nos estamos comiendo la naturaleza construyendo casas, pavimentando cientos de kilómetros de calles, tirando árboles porque rompen la banqueta o porque afectan el cableado; ellos están ahí antes que nosotros, pero la soberbia humana hace tomar decisiones irracionales, acabar con lo que nos mantiene vivos.

¿Un árbol de Navidad natural o uno artificial, qué salva más vidas? ¿Dónde están nuestras tradiciones del Nacimiento, si Santa Claus es más importante que el Salvador?
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