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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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26 Marzo 2020 04:05:00
Cuarentena
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Lea. Vea series en la tele. Comparta sus pensamientos a través de las redes sociales. Convierta su habitación en un gimnasio y haga ejercicio. Aproveche la forzada estadía en casa para acercarse a los suyos y conversar con ellos. Acepte el reto de leer diariamente una poesía por Facebook, o comparta, también por las redes, sus recuerdos. Alguien los leerá ahora que el mundo está colmado de lectores cautivos, en el sentido más estricto de la expresión. Oiga música.

Por recetas no queda. Las hay para todos los gustos. Eso sí, nadie aconseja quedarse echado en la cama viendo el techo y maldiciendo por igual al coronavirus que ha convertido su casa en una cárcel y a la irritante inacción del presidente Andrés Manuel López Obrador, empeñado en nadar a contracorriente del mundo y provocar miradas de asombro, cuando no burlas y risas sarcásticas.

Y esto último es, me temo, lo que hace la mayoría de las personas, aunque no lo confiesen. Tampoco faltan quienes le recuerden a uno que es afortunado al poder quedarse en casa y trabajar desde su computadora. Otros, nos dicen, y con razón, se ven obligados a salir a la calle a perseguir, ya no la chuleta, que está muy cara, al menos un taco para matar el hambre.

Es cierto. Reflexionar acerca de esto debería volvernos menos pesada esta cuarentena, que sabemos cuándo empezó, pero desconocemos cuándo ni cómo acabará.

Y en situaciones como en la que nos encontramos es bueno recordar lo escrito en 1948 por el crítico literario británico Clive Staples Lewis, cuando la posibilidad de una hecatombe atómica atemorizaba a todo el mundo, pensamientos que toman vigencia ante la pandemia. El texto, que compartió amablemente mi querida amiga Myrna Flores, se vuelve actual si en lugar de bomba atómica pensamos en coronavirus.

“En cierto sentido pensamos demasiado en la bomba atómica. ‘¿Cómo vamos a vivir en una era atómica?’. Me siento tentado a responder: Porque, ¿cómo habrías vivido en el siglo 16 cuando la peste visitaba Londres casi todos los años, o cómo habrías vivido en una época vikinga cuando los invasores de Escandinavia podían llegar y cortarte el cuello cualquier noche; o de hecho, cómo está viviendo en una época de cáncer, una era de sífilis (cámbielo por sida), una era de parálisis… una era de accidentes ferroviarios, una era de accidentes automovilísticos?

“Si todos vamos a ser destruidos por la bomba atómica, deje que esa bomba cuando llegue nos encuentre haciendo cosas sensibles y humanas: trabajar, enseñar, leer, escuchar música, bañar a los niños, jugar tenis, conversar con nuestros amigos, tomando una pinta de cerveza y un juego de dardos, no como ovejas asustadas pensando en bombas. Pueden romper nuestros cuerpos (un microbio puede hacer eso y lo hace actualmente) pero no necesita dominar nuestras mentes”.

Tampoco se trata, por supuesto, de tomar riesgos innecesarios o convertirnos en eventuales e irresponsables agentes de contagio. La amenaza es seria y debemos tomarla con seriedad, pero, eso sí, evitando que se adueñe de nuestras mentes, lo que sería tanto como morirnos sin necesidad de contraer la enfermedad.


26 de marzo

La pandemia y las necesarias medidas para evitar su propagación obligaron a cancelar el festejo conmemorativo de la promulgación del Plan de Guadalupe, acontecimiento que cambió el rumbo de la historia del país y que los coahuilenses debemos recordar por ser un gesto de dignidad ejemplar de nuestro paisano, don Venustiano Carranza.
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