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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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22 Abril 2011 04:10:41
Cuaresma
Hace algunos años doña Burcelaga se fue a vivir temporalmente a Roma, pues por motivos de trabajo su esposo se encontraba ahí. El primer día de su estancia en la Ciudad Eterna la robusta dama salió a buscar algo para comer. No sin cierta admiración se detuvo frente a un enorme edificio que tenía una gran puerta muy ornamentada. Llamó, y le abrió un imponente guardia suizo. Le pregunta la señora: “¿Tienen chiles rellenos?”. “¿Queeé?” -se desconcertó el guardia, quien hablaba muy bien el castellano. “Que si tienen chiles rellenos” -insistió la mujer. “Mire, señora -la amonestó el suizo con severidad-. Está usted en la basílica de San Pedro. Aquí ha habido Papas, pero no hay chiles rellenos”. “Pues debería haberlos -se enoja doña Burcelaga-. ¿Entonces para qué tienen en la puerta ese letrero que dice: ‘Cocina Económica’?”. “No leyó usted bien -replica el guardia suizo-. El letrero dice: ‘Concilio Ecuménico”... La señora sufría mucho porque su niño era un problema: Lo expulsaban de todas las escuelas a causa de su mala conducta. Así, decidió llevarlo con un siquiatra. Después de examinar brevemente al crío, el analista le dijo a la madre: “Creo que con unas semanas de tratamiento el niño modificará su conducta. Tráigamelo el próximo lunes. Mientras tanto le daré a usted estas poderosas píldoras tranquilizantes que le aliviarán la angustia y ansiedad que le provoca el mal comportamiento de su niño”. Llegó el lunes, y la señora no se presentó.

El siquiatra tomó el teléfono y la llamó. “¿Por qué no trajo al niño?”. Responde la mujer: “¿Cuál niño?”... Un individuo debía tomar el último ferry del día para cruzar el río, pero llegó mucho tiempo antes de la salida del barco, de modo que resolvió esperarlo tomándose unos jaiboles en el bar del muelle. Oyó de pronto ruido de máquinas, salió, y vio el ferry a unos metros de la orilla. Corrió desesperadamente; dio un tremendo salto y cayó de panzazo en la cubierta. Se puso en pie, quebrantado y dolorido, pero feliz por no haber perdido el viaje. Le preguntó, orgulloso, a uno de los tripulantes: “¿Qué le pareció el salto, amigo?”. “Formidable, señor -respondió el tipo-. Pero hubiera esperado un poco. Ya estamos llegando a la orilla”... Días morados son los cuaresmales. Ramón López Velarde describió a la cuaresma como “opaca”. Antiguamente estos días se llamaban “santos”. Al paso del tiempo descubrí que todos los días son santos, pues todos son un regalo de vida y una ocasión de bien. Sin embargo en todas las religiones algunos días se separan de los demás por su especial significado. A veces son días de gozo y regocijo; otros son de pesadumbre y de dolor. Para los cristianos este día, el llamado “Viernes Santo”, es de sufrimiento. En él se recuerda la muerte en la cruz del Dios hecho hombre. Hay en los relatos evangélicos del sacrificio de Jesús una hermosura trágica que ha inspirado a los artistas de todos los tiempos a lo largo de la era cristiana.

Desde la desgarrada visión naturalista de Grünewald hasta la sobrenatural serenidad del Cristo de Velázquez, el arte ha recogido la agonía del crucificado. Y sin embargo al final triunfó la vida sobre la muerte, y a la sombría tragedia del Calvario siguió el gozo del resucitado. Por eso nuestra fe de cristianos es alegre; por eso en nuestra vida, por encima de todos los dolores y los sufrimientos, debemos poner un poco más de Resurrección y un poco menos de viacrucis. Tal es a fin en cuentas, creo yo, el mensaje del cristianismo: El amor a la vida; la fe en su eternidad, y la esperanza en ella. Si no creemos que la vida triunfa siempre sobre la muerte, entonces vana es nuestra fe. Decía una señora: “Cuando nos invitan a una comida, mi marido come hasta que le duelen los tobillos”. “¿Los tobillos?” -se asombra alguien. “Sí -explica la señora-. Es que empiezo a darle patadas por abajo de la mesa para que ya no coma”... Proclamaba un individuo jactancioso: “Soy de Texas, el lugar donde los hombres son hombres y las mujeres son mujeres”. Se interesa una chica. “Y ¿en cuál de los dos lados pudiste acomodarte?”... Llegó el encargado del censo a una granja, y sólo encontró a un pequeño niño. “¿Cuántas personas viven aquí? -le pregunta. Responde el muchachito: “Cuatro: Mi papá, mi mamá, mi hermana y yo”. “¿Dónde está tu papá?” -pregunta el empleado. Contesta el niño: “Debe haber ido a pescar. No veo sus botas de agua, y no anda regando”. “Y tu mamá ¿dónde está?” -quiere saber el del censo. “Seguramente fue al pueblo -le informa el pequeñín-. No está la camioneta, y no les anda llevando forraje a las vacas”. Pregunta el visitante: “Y ¿dónde está tu hermana?”. Responde el chiquillo: “Ha de estar en el granero con su novio. Solamente hay dos cosas en el mundo que le gusta hacer, y la tele está apagada”... FIN.
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