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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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07 Diciembre 2016 03:00:00
Cuba: nueva encrucijada
Fidel Castro derrocó una dictadura de seis años, la de Fulgencio Batista, para implantar la propia de seis décadas. Murió a los 90 años, 57 de los cuales ejerció el poder de manera arbitraria y unipersonal. También pretendió imponer su juicio al mundo: “Condénenme, no importa: la historia me absolverá”. Según su egocentrismo, él era la historia. Admirado por demagogos como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Cristina Kirchner, Nicolás Maduro y otros enemigos de la libertad, los derechos humanos y la democracia, el tirano, terminó sus días como pieza de museo. Algunos políticos lo visitaban para retratarse con la reliquia.

Para hacerse con el poder, retenerlo e imponer como sucesor a su hermano Raúl, Castro recurrió al terror, la traición –incluso dentro del mismo Movimiento 26 de Julio, para suprimir liderazgos riesgosos, como los del Che Guevara y Camilo Cienfuegos–, el espionaje, la delación y el culto a su persona.

La dignidad de la revolución la entregó a la Unión Soviética, y convirtió a Cuba en uno de los satélites del Estado marxista leninista. Guevara prefería mirar hacia China, pero Fidel optó por los herederos de Lenin y del genocida Stalin.

Terminada la Guerra Fría, y sin que la URSS lo hubiera apoyado jamás en todas sus demandas ni abierto la cartera para industrializar la isla o financiar guerrillas en América Latina, Castro buscó nuevos patrocinadores. Venezuela, hoy en ruinas por efecto de la insania de Chávez y Maduro, lo proveyó de dólares y petróleo. Fidel correspondió con médicos, maestros, asesores y brigadistas cuya función consistía en adoctrinar, crear clientelas y formar estructuras territoriales para ganar elecciones. Los venezolanos, cansados de una clase política corrupta y trepadora, advirtió tarde la coartada.

México ha sido siempre aliado de Cuba, en un juego de complicidades más que de principios. ¿Cuándo, hasta Salinas, el Gobierno protestó por las atrocidades de la dictadura castrista? La relación se enfrió en los sexenios de Zedillo, Fox y Calderón, pero cuando el PRI regresó a Los Pinos volvió a entrar en calor. En 2014, todavía en la euforia del “momento mexicano”, Peña quiso también salvar a Cuba y le condonó 350 millones de dólares, equivalentes al 70% de una deuda antigua.

La calidad de los servicios de educación y salud en la isla son reconocidos a escala internacional, mas no compensan casi 60 años de encierro, restricciones y pobreza. Impera la censura, el miedo, la frustración, el partido único. Los cubanos desean ser libres, tomar sus propias decisiones, vivir mejor y ofrecer a sus hijos un futuro de esperanza. No de balde, casi dos de cada 10 cubanos residen en Estados Unidos. Incluso Marco Rubio (Florida) y Ted Cruz (Texas), hijos de inmigrantes cubanos, figuraron entre los aspirantes del Partido Republicano a la Casa Blanca.

La gradualidad de las reformas promovidas por el gobierno de Raúl Castro, para alinear al país al capitalismo –tardías e insustanciales frente a los cambios impulsados por Deng Xiaoping en China y Mijaíl Gorbachov en Rusia–, y el levantamiento del embargo comercial de Estados Unidos serán insuficientes mientras el sistema político continúe cerrado y no existan elecciones libres y democráticas. Máxime a partir del 20 de enero próximo, cuando Donald Trump reemplace a Barack Obama en el Despacho Oval y empiece a dar vuelta atrás a las manecillas del reloj.
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