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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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03 Junio 2018 04:05:00
¡Cuidado!
La pregunta es obvia: ¿Serán tan optimistas o, mejor dicho, ingenuos, los capitanes del gran capital para creer que tendrán algún efecto las advertencias hechas a sus empleados y trabajadores, a quienes conminaron a rechazar a candidatos –en realidad, a un candidato– populistas en las próximas elecciones? ¿En serio considerarán que su autoridad moral es tal, que son capaces de influir en el ánimo de sus asalariados al elegir a quienes desempeñarán los cientos de cargos públicos que se disputarán en las urnas?

¿Se verán ellos mismos como amados benefactores de la clase obrera, dignos no sólo de gratitud, sino vistos cual guías cuya sabiduría hace recomendable seguir sus consejos, aun en temas tan delicados como el comportamiento a la hora de llegar frente a las urnas?

Es difícil, francamente, pensar que los autores de tales prédicas antipopulistas confíen en que harán cambiar de opinión a quienes trabajan para ellos. Más difícil todavía, creer que los receptores de los mensajes consideren que apoyar a un candidato populista perjudicará por igual a patrones y empleados. En otras palabras les dicen: ‘Tú y yo pondremos en riesgo nuestro futuro en el caso de que un político de esa peligrosísima tendencia llegue a la Presidencia de la República; el peligro del populismo nos iguala y anula diferencias de clase social y la abismal distancia económica que nos separa’.

La campaña patronal, que algunos consideran puede resultar incluso contraproducente, no parece tener como fin inducir a votar por cualquier candidato. Posiblemente se trata de una carambola de tres bandas, para usar el lenguaje de los amantes del billar. Es decir, la idea no es influir en el ánimo del trabajador-votante, sino enviar un mensaje al candidato al que las encuestas dan desde hace meses como seguro triunfador.

Un mensajepara recordarle que no se olvide que allí están, y que son ellos precisamente quienes forman y timonean uno de los principales segmentos de los poderes fácticos. La advertencia de que chocar con ellos causaría serias averías a la nave del Gobierno, y que lo más recomendable es llevarla en paz y dedicarse a buscar acuerdos.

Sea como fuere, esta novedad de que el gran capital entre al juego de las confrontaciones en vísperas de una elección, no presagia nada bueno. Ya de por sí las campañas, cuya columna vertebral ha sido en la mayoría de los casos la descalificación o el insulto a los contrincantes, provocaron ya esa sí riesgosa polarización de la sociedad mexicana, los barones del dinero deberían abstenerse de echar gasolina al fuego.

¡Cuidado! Los radicalismos de cualquier color no abonan nada a esa indispensable unidad que permita al país sumar fuerzas para afrontar los muchos y graves problemas, internos y externos, que le aquejan. Si algunos fanáticos de Andrés Manuel López Obrador parecen confundir la jornada electoral del 1 de julio con la Revolución de Octubre y sus 10 días que conmovieron al mundo, a quienes tienen tanto que cuidar, como son los grandes industriales, les corresponde mostrar cordura y una actitud conciliadora.

La recienteocurrencia del impredecible Trump de aplicar aranceles al acero y al aluminio es una llamada de alerta. La confirmación de que enfrentar al pelirrojo de la Casa Blanca no resulta tarea sencilla, y mucho menos lo será si después de las próximas elecciones nos encuentra divididos y con los distintos sectores en pie de guerra. No se trata de ser alarmista, pero, otra vez: ¡Cuidado!

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