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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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29 Noviembre 2016 04:00:00
Culto a Fidel
Fidel Castro afirmó que sus actos tenían como propósito garantizar el bienestar del pueblo y la igualdad, pero ya en el poder promovió un culto a la personalidad sin precedentes en la historia de Cuba. “Fidel era un narcisista de libro de texto” escribió Carlos Alberto Montaner, el escritor cubano exiliado, en el periódico español ABC.

Fidel estaba enamorado de su palabra. Pronunció miles de discursos, pero no sólo abusó del número, sino de la duración. No sabía cómo parar. Su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 26 de septiembre de 1960, duró 4 horas con 48 minutos. En febrero de 1998 pronunció uno de 7 horas y cuarto ante la Asamblea Nacional de Cuba.

El comandante convertía entrevistas, diálogos y coloquios en discursos. Andrea Mitchell, la periodista estadunidense, recuerda que Castro le dio una respuesta de 45 minutos a una pregunta. Mario Vargas Llosa apunta que conoció a Fidel en una reu-nión con intelectuales latinoamericanos que se convirtió en un largo monólogo sin que nadie más pudiera decir nada.

Andrés Manuel López Obrador calificó a Fidel como “un gigante” y afirmó que “está a la altura de Mandela”. Sin embargo, Nelson Mandela no promovió un culto a la personalidad, ni creó un régimen autoritario en Sudáfrica. Sólo fue presidente 5 años. No dejó el Gobierno en manos de un pariente. Fue liberal y tolerante.

Fidel no lo fue. Sus prejuicios y fobias personales se traducían en políticas de Estado. Muchos supuestos enemigos de la Revolución fueron fusilados o encarcelados en sus primeros años de poder. A los homosexuales los persiguió aun cuando fueran partidarios de su régimen. “Una desviación de esta naturaleza está en contradicción con el concepto que tenemos sobre lo que debe ser un militante comunista”, dijo en 1965. Castro mandó encarcelar a “los maricones” y a otros en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, campos de concentración. Años después modificaría esta posición y reconocería haber estado equivocado. Fidel se empeñaba en crear realidades imposibles de cumplir. Tras nacionalizar las empresas del país, impulsó en los años 60 un proyecto de “industrialización instantánea” que resultó un fracaso. Cuando las reformas comunistas provocaron el desplome de la producción azucarera de 6.7 millones de toneladas en 1961 a 3.5 millones en 1963, empezó una campaña para lograr una zafra de 10 millones en 1970, año en el que se obtuvieron 8 millones. Para la zafra 2016-2017 la producción fue de 1.6 millones de toneladas. Fidel buscó clonar una vaca, “Ubre Blanca”, que supuestamente producía más leche, pero el experimento no funcionó.

El narcisismo de Fidel se ha mantenido incluso después de su muerte. El Gobierno cubano decretó 9 días de duelo por el comandante, una especie de novenario para un líder ateo. En estos 9 días se han prohibido actividades y espectáculos públicos. La radio y la televisión deben transmitir sólo “una programación informativa, patriótica e histórica”. Algunos afirman que no se puede escuchar música ni en privado. Martí Noticias, una agencia financiada por el Gobierno estadunidense, reporta que hay grupos que ordenan a la gente en la calle que se quite los audífonos y advierte que se apague la música en los hogares. Un concierto del tenor Plácido Domingo el sábado 26 de noviembre fue cancelado. Poco importan los errores cometidos. El régimen cubano necesita héroes y Fidel lo es. El culto a la persona no hará sino crecer.

FIDEL Y EL PRI

Carlos Salinas de Gortari está ya en Cuba para rendir homenaje a su amigo, el comandante Castro. Al parecer Enrique Peña Nieto se trasladará también a Cuba. La cercanía de los priistas con Fidel irrita a la izquierda mexicana, pero es una realidad.
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