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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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02 Abril 2014 04:08:37
Culto a la desmemoria
De plano, somos un país sin memoria, condenado a tropezar una y otra vez con la misma piedra. Qué curioso, qué notable, escuchar a Enrique Peña Nieto –que seguramente no ha leído nada de Octavio Paz–, rendir sentido homenaje a nuestro único Nobel, llamarlo la mente más clara, plena y brillante del siglo 20, decir que fue un personaje que proyectó con grandeza el nombre de México en el mundo.

El Mandatario no sabe lo que pensaba y decía Octavio Paz del PRI, y si lo sabe, apuesta a la desmemoria de los mexicanos para encabezar con aparente satisfacción el homenaje. No sobra recordar unas cuantas palabras del ensayista y poeta en referencia al PRI: “El sistema político mexicano empieza a convertirse en una reliquia, pero en una reliquia temible: su derrumbe puede sepultarnos a todos. El remedio no está en tapar las goteras sino en salir al aire libre: la evolución hacia una verdadera democracia… El PRI es el heredero de errores que comenzaron probablemente con la Independencia y entre los cuales el mayor de todos ha sido la instauración de la mentira constitucional: la realidad legal de México nunca ha reflejado la realidad real de la nación…”.

Pero lo de Peña Nieto es sólo una pequeña parte de lo que parece se trata de un mal generalizado, y entonces líderes partidistas y de fracciones parlamentarias no tienen mayor problema en sumarse con generosidad a las conmemoraciones por el centenario del natalicio del escritor. Entonces tampoco sobra recordar qué opinaba Paz de los institutos políticos: “Los partidos modernos son iglesias sin religión dirigidas por clérigos blasfemos... unos a la derecha y otros a la izquierda, son una asamblea de fantasmas”. En sus ensayos de mediados de los 70, apuntaba con el índice al fracaso de nuestro sistema político, condición que por desgracia se mantiene hasta nuestros días.

Origen es destino, dicen algunos sicólogos y entonces tenemos a un partido, “el nuevo PRI”, que vuelve al poder tras un breve receso de 12 años, pero que en su médula carga la impronta de lo que fue durante más de 70 años, heredero y perpetuador de errores y que en voz de Octavio Paz alimentó, por acción u omisión, el que nuestra Carta Magna y por extensión la suma de los referentes del marco jurídico vigente no resulten en los hechos más una gran mentira. Lo que dicen las leyes, los códigos y reglamentos, el deber ser, es muy distinto de la realidad, el ser. Al hombre que lo advirtió reiteradamente es al que Peña Nieto califica de la mente más brillante del siglo pasado.

Dirá algún despistado por ahí que la mejor manera de honrar la memoria de un gran intelectual, como sin duda lo fue Octavio Paz, es seguir su ejemplo y atender en los hechos sus advertencias, sugerencias y recomendaciones, ya que todo lo demás resultan palabras huecas, de esas que se las lleva el viento.
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