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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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01 Abril 2017 04:00:00
Cultura de dolor, violencia y muerte
¿Qué está sucediendo con nuestros jóvenes? ¿Por qué tanta agresividad en ellos? Su comportamiento es sin duda un reto hacia los demás, incluyendo a su propia familia. Su actitud refleja el coraje, la falta de valores y descargan su coraje en aquellos a los que consideran débiles.

No sé si porque en la actualidad hay más formas de manejar lo que ocurre en tiempos reales –ahí están las redes sociales– o porque nuestros niños y jóvenes están viviendo muy de prisa y con conductas inadecuadas, la realidad nos muestra infinidad de casos de violencia que deberían ser atendidos urgentemente y con gran responsabilidad.

La intimidación o “bullYing” –como hoy se le nombra– en los planteles, siempre ha existido. No pasaba de ser falta de respeto o una travesura el que alguien no le cayera bien al compañero y empezara a ser molestado con apodos, o también que algún travieso le jalara la trenza a alguna niña, en fin, hubo muchos casos de esos y hoy se recuerdan como travesuras de nuestra niñez.

Obviamente hubo sus excepciones, donde algunos liosos –afortunadamente no eran muchos– se enfrascaban en una pelea afuera de su escuela. “Te espero a la salida”, era la consigna. Pelea de dos si se llegaba a dar; así arreglaban los desacuerdos. No como ahora que se consideran valientes… pero en “bola” y contra uno solo, mostrando realmente su cobardía.

No se entiende –al menos yo no encuentro la razón– porqué en el aspecto humano vamos retrocediendo si se tienen todas las herramientas para crecer en todos los aspectos.

La tecnología va avanzando a pasos agigantados y los niños y jóvenes aprenden con una facilidad extraordinaria. Es como si trajeran el “chip ”integrado. Como si nacieran programados para esta nueva era.

Sin embargo se está descuidando algo muy importante en las relaciones humanas, la enseñanza de los valores y principios morales. Algo fundamental que si bien algunos consideran pasados de moda, de ninguna manera es así.

En la actualidad se está perdiendo la costumbre de platicar, de saborear una buena charla con los hijos, interesarse por lo que están haciendo. ¿Cómo te fue en la escuela? ¿en el trabajo? ¿qué hiciste hoy? ¿cómo te sientes en tal o cual actividad?

Ocuparnos más de ellos para no preocuparnos sin encontrar soluciones a futuro.

Nuestros niños y jóvenes están padeciendo una cultura donde el dolor, la violencia y hasta la muerte están presentes. Los juegos han dejado de serlo para convertirse en amenazas reales, en armas mortales.

Debemos estar conscientes que muchos niños han modificado sus preferencias en los juegos. Hay niñas que a los siete u ocho años han dejado de jugar con muñecas para adentrarse en otras preferencias, por ejemplo los videojuegos. “Es que así es ahora” me decía una mamá; “los tiempos han cambiado”.

Están en una época distinta, es cierto, donde la tecnología los ha atrapado de alguna manera, pero también se requiere de mayor información, más atención a lo que ven y hacen los hijos, las compañía que eligen; en fin, urge una mayor actuación con responsabilidad por parte de los padres.

Lo que podría considerarse en principio un juego, puede ser en realidad un verdadero riesgo. Menores de edad son atrapadas en una red perversa desde donde reciben instrucciones giradas por individuos sin escrúpulos, sin un ápice de ética y moral. Todos ellos escudados en el anonimato.

Los jóvenes se obsesionan con algo o con alguien y creen que lo que ellos hacen es lo correcto. Ven tatuarse a sus artistas favoritos y consideran que “está padre”; actúan por imitación, quieren parecerse a tal o cual personaje, aunque con el tiempo se decepcionen.

El peligro está en la red, lo sabemos. Es cierto que hay cosas buenas y que son una herramienta necesaria en la actualidad, pero también debemos estar conscientes que el mal existe, no todo es bondad, no todo lo que se ve o se dice debe ser aceptado como algo bueno.

Nadie que sea bueno se esconde en el anonimato y da instrucciones para provocar un daño a otros o a sí mismos. Por eso es importante la vigilancia, el conversar, no siempre estar “clavados” en familia cada quién revisando sus mensajes.

Algo está pasando en la mente y el corazón de nuestros niños y jóvenes. ¿Les está faltando atención? ¿conducción? ¿ejemplos? Lo que sea, es verdaderamente preocupante y hay que prestar atención.

No son sólo ver tatuajes o aros colocados en la piel, sino huellas de los cortes cada vez más peligrosos y dolorosos con la culminación de concluir la hazaña con el suicidio. Ese es el desafío más reciente del que se tiene conocimiento en un “juego” cibernético llamado “ballena azul”. ¿Cuántos casos reales habrá de jóvenes que han perdido la vida a causa de este juego perverso?

Hoy ya no es el que las niñas dejen de jugar con sus muñecas, sino el peligro a que están expuestas al darles lo último en tecnología y no enseñarles a utilizar correctamente la herramienta. Decirles los riesgos que existen.
Tampoco es la intimidación de antes entre los escolares, es la agresividad con que se comportan ahora cual vil pandilleros. Forman sus propias “mafias” denigrando con su actuación a sus familias y a las instituciones donde estudian.

¡Terrible! Que nuestros niños y jóvenes estén siendo atrapados en vicios, acciones nefastas, viviendo una nueva cultura donde el dolor, la violencia y hasta la muerte están presentes. Esto debería más que preocuparnos, ocuparnos como familias, como sociedad y, por supuesto, como autoridades.

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