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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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13 Junio 2017 04:03:00
Cultura de Paz, una apuesta por la dignidad
En su búsqueda incesante de alternativas para alcanzar mayores niveles de bienestar y desarrollo, la humanidad ha acordado una estrategia: la Cultura de Paz. Naciones Unidas la define “como un conjunto de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que rechazan la violencia y previenen los conflictos atacando a sus raíces a través del diálogo y la negociación entre los individuos, los grupos y los estados”.

Los orígenes de la Cultura de Paz como concepto contemporáneo se remontan a la década de los 80 del siglo pasado, pero su primer antecedente directo se halla en la Carta de las Naciones Unidas de 1945. En el cuerpo de este documento se encuentran las bases sobre las que se ha edificado. La paz como promesa, necesidad y garantía, a la luz de la terrible experiencia que fue la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en inspiración y objeto del derecho internacional y doméstico.

Hablar de paz implica hacerlo de violencia. La Cultura de Paz tiene como justificación y uno de sus objetivos transformar (desterrar) a la “cultura de violencia”. En su obra Cultura de paz y gestión de conflictos (Barcelona, 1998), Vicenç Fisas, experto en procesos de paz y negociación, precisa que “la cultura de la violencia es ‘cultura’ en la medida en que a lo largo del tiempo ha sido interiorizada e incluso sacralizada por amplios sectores de muchas sociedades”.

Fisas señala que, en su expresión actual, algunos de los fundamentos esenciales de la cultura de la violencia, que, desafortunadamente la han anclado en lo más profundo de las personas y sus sociedades, son: el patriarcado y la mística de la masculinidad; la búsqueda del liderazgo, el poder y el dominio; la incapacidad para resolver pacíficamente los conflictos; las ideologías exclusivistas; la ignorancia cultural; la deshumanización; el mantenimiento de estructuras que perpetúan la injusticia y la falta de oportunidades y de participación, entre otros.

Conocer estas causas y su lamentable influencia en la conducta de las personas es necesario para combatir la violencia. Una realidad que ha contribuido a la cultura de la violencia es el rol de los medios de comunicación, desde la televisión hasta el Internet y las redes sociales. Fisas cita una reflexión de Marcos Rojas (1995) que ilustra claramente este hecho: “la televisión ha popularizado y comercializado la violencia gratuita (que es presentada además como divertida), lo ruin, el enriquecimiento a costa de los demás, la fuerza física y el desprecio hacia otros seres, hasta el punto de convertir estas actitudes en valores normalizados, irremediables y a imitar, invitando a los televidentes a comportarse con la vileza que muestran continuamente las pantallas”. Sin embargo, advierte que “los medios de comunicación, y en particular la televisión, podrían jugar no obstante otro papel bien diferente, y ser parte activa en la titánica tarea de crear una cultura de paz”.

Los esfuerzos para promover la cultura de paz y lograr que eche raíces han estado dirigidos principalmente a las niñas y niños, por medio de la educación. Adela Cortina, autora de una gran cantidad de textos sobre ética y valores, recuerda que “hace ya dos siglos afirmaba Kant en sus tratados de Pedagogía que no se debe educar a los niños pensando en el presente, sino en una situación mejor, posible en el futuro”. Cortina explica la importancia del primero de los componentes esenciales de la Cultura de Paz: los valores. Al referirse a la educación para la ciudadanía, basada en el aprendizaje, como mecanismo indispensable para que los valores pasen de ser un tema de moda a convertirse en una realidad, enlista, entrelaza y describe su función; entre otros, la de los morales, de los que destaca la libertad, la justicia, la solidaridad, la honestidad, la tolerancia activa, la disponibilidad al diálogo, el respeto a la humanidad en las demás personas y en la propia.

Según el Artículo 1 de la Declaración sobre una Cultura de Paz, ésta se basa en cuestiones como el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la no violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación; el respeto pleno y la promoción de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales; el respeto y el fomento de la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres; y en la adhesión a ciertos principios como libertad, justicia, democracia, cooperación, pluralismo y entendimiento. Mención especial e introspección personal amerita lo dispuesto en su Artículo 8, el cual consiga que tanto padres, como maestros, políticos, periodistas, órganos y grupos religiosos, intelectuales, quienes realizan actividades científicas, filosóficas, creativas y artísticas, así como organizaciones no gubernamentales, desempeñan una función clave. En efecto, la Cultura de Paz depende mucho más de las sociedades que de sus gobiernos.

Su principal instrumento es la Educación para la Paz, cuyo proceso comprende aspectos que abarcan a todas las personas. Conocerlos y practicarlos es vital para el cumplimiento de la promesa que trae consigo la Cultura de Paz: el respeto de la dignidad. UNESCO comparte algunos de ellos: descubrir la perspectiva positiva de los conflictos; aprender a analizar los conflictos y a descubrir su complejidad, y encontrar soluciones que nos permitan enfrentar los conflictos sin violencia, sin destruir a una de las partes y con la fuerza necesaria para llegar a soluciones en las que todos y todas ganen, y puedan satisfacer necesidades.
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