×
Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
ver +

" Comentar Imprimir
20 Enero 2018 04:00:00
Damas dignísimas
“La más bella de las primeras damas había sido, sin duda, hasta hoy, hasta antes de la actual primera dama, doña Cecilia Occelli de Salinas de Gortari, doña Alma Viderique de Rodríguez, casi tan hermosa como nuestra actual y dignísima doña Cecilia”.

En el matutino del domingo anterior, Sara Sefchovich aludió a la gringada de incorporar a las campañas electorales a las esposas de los candidatos “para convencernos de que sus maridos son hombres de familia”. A alguna de ellas en unos meses la cursilería imita–gringos le habrá de llamar primera dama. Y hablando del tema:

Rafael Solana, mis valedores. De muerte violenta moriría, de no estar muerto a estas horas, el dramaturgo y versificador integró con Luis G. Basurto y algunos más una corte de los milagros en donde la entonces legisladora Cecilia Romero así alentaba a la primera dama en su esfuerzo por enviar al marido al DIF:

“El papel de Martita es importante porque hay que romper el paradigma de las primeras damas que sólo eran acompañantes del Presidente o se dedicaban a promover obras de beneficencia”.

Por su parte, Solana tuvo el tino de loar a la esposa de cualquier presidente en unas columnas de prensa diabéticas, que chorreaban miel en penca rellena de piloncillo y azúcar cande. Aquí algunas muestras de su cortesanía en las loas que el juglar de lengua enmielada trovó a nuestra señora, la primera dama en turno:

“Traté varias veces a doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz y también a doña Beatriz Velasco de Alemán, ambas damas dignísimas. Quien inauguró el nuevo concepto de primera dama como servidora de la nación, y principalmente de la niñez mexicana, fue doña Carmen García de Portes Gil.

“La otra más ilustre esposa de presidente, en mis recuerdos, es doña María Esther Zuno de Echeverría, en cuyo honor se tocó, la mañana en que su ilustre esposo leía su último informe, la mayor ovación que se haya escuchado en la Cámara de Diputados. Enorme actividad desarrolló para casar parejas que hubieran descuidado ese detalle, y para difundir, aun en el extranjero, el folklore nacional. Se ganó el respeto y el cariño de todos los mexicanos.

“Una inspiración tuvo doña Soledad Orozco de Ávila Camacho que le ganó simpatías de la grey católica: encabezar una peregrinación a Zapopan. Doña Eva Sámano de López Mateos, maestra, fue muy querida y respetada, pero la separaba del guadalupano pueblo el hecho de pertenecer a una religión diferente de la católica.

“Traté varias veces a doña Guadalupe Borja de Díaz Ordaz y también a doña Beatriz Velasco de Alemán, ambas damas dignísimas. La más artista, e impulsora excelsa no sólo del arte popular, sino sobre todo de la buena música, fue doña Carmen Romano de López Portillo.

“Eso sí, la que nunca dio color, ni se dejó ver, fue Amalia Solórzano de Cárdenas. ¡Ella no!”.

Ella no mereció una plasta de sacarina como la que a la “dignísima primera dama” embarró una meliflua y azucarada Piri Gay:

“Antes que nada, queremos felicitar a la Dignísima Primera Dama de nuestro Patria, cuyas frases cálidas y envolventes ascendían como voces de violas y violoncellos en su magnífico informe de gobierno del DIF”.

Y pienso yo; un mester de juglaría como Rafael Solana, que dedicó el tanto de su vida a entonar odas (no odas, loas) a cada “primera dama”, ¿cómo hubiese superado la frustración de no haber encontrado a quién trovarle romanzas dentro del cascarón de la ‘casa blanca’, que (por vergüenza) cambia de color?

(¿Cómo?).
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2