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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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15 Mayo 2016 03:10:05
De a calzón por bolillo
Venía bailando, con el ombligo relleno de un pedazo de migajón de bolillo… las caderas como calzón en tendedero… y la música, bueno, la música estaba en la mente de este mojino de cinco años.

¿Qué lo hacía bailar?“Juta güira Negrito… me acabo de ganar uno cincuenta, nomás de llevarle taguarniz al viejito de la cuartería”. Levanté los ojos sobre mi anteojera…-

-¿Uno cincuenta te dio el vejete?

“No, no… su hija… o su nieta, ¿qué voy a saber?… pero vino a verlo, le sacaron cantidad de mugre de la casa, y le lavaron las paredes, ¡Lo bañaron al muy jijuepucha!… vieras el gritadero que tenía… ¡Que no me echen agua porque me voy a 'ogar por el culo!… ¡Que déjenme en paz hijosdesurepincheagüela!

”-¿Y luego? “Ya bañadito les pidió su cañita, y me dieron dos pesos para comprarle su botella, me dijeron que me quedara el vuelto “¡Y era uno cincuenta!” Bueno, ese día Chibirico estaba de suerte… porque otras veces lo mandaban a traer cualquier cosa y le daban cinco centavos… diez cuando mucho. Y
como suele ocurrir, el dinero fácil atrae gaviotas, buitres…

¡Y descamisados! No sé quién lo olió, pero el Chéchere llegó de primerito… Monzo el Chilango detrás… y en un ratito ya estábamos todos en derredor del buen amigo. ¡Hombre!…

con uno cincuenta se pueden comprar suficientes bolillos de a cinco centavos para darle de tragar a un regimiento… o se compran de esos chicles del negrito bembón, de a dos por cinco… Pero no, Chibirico tenía otros planes para su dinero.

“Me voy a comprar calzones”. Al Chéchere le tembló la bemba… se le saltó la manzana de Adán… “¡¿Calzones… calzones?!” Bueno, Chibirico confesó que tenía dos semanas de andar “a rais”… “¡Y ya me arden las pelotas y el fundillo!” Pero bueno, se puede uno comprar dos calzones… y usar cincuenta centavos para los amigos. “No… voy a comprar de los buenos, de los que tienen dibujos de carritos… de las trusas”.

Monzo quiso llevar el tema a estratos superiores… “Mejor vamos a votar todos… o sea, que digamos cada quien, mano… que no seas maje Chibi… vamos a votar a ver qué se hace con ese dinero”. Silencio… la negriza se miró entre sí, unos con otros… midiendo la reacción a la propuesta…

“¿Tú qué opinas, Negrito?” Estaba confundido, la verdad… le pregunté a mi mejor amigo… -¿Y te cansaste mucho de traer el taguarniz? “¡Juta!… le camellé hasta 52…

¡Hasta allá fui por la caña, porque quería farolazo”. -¿Y alguno de estos te acompañó?… “¡Ni madres…!” -Bueno… yo digo, que si a ti ya te sudó, a ver ahora… ¿quién le regala un calzón de los suyos a Chibirico para que no gaste y nos invite bolillos? Silencio… No se toca más el tema, Gelo sacó unos cayucos y empezó a jugar a las seguidillas…

Monzo se fue a sentar bajo el caimito… Chéchere se trepó al árbol de hule. En efecto… descubrimos que con los calzones de otro es mejor no decidir… si todos nomás teníamos el que traíamos puesto, y se ponía un día al derecho, otro al revés y por la noche se lavaba…

No valía la pena andar “a rais” por el pasajero placer de un bolillo caliente de la Primavera.

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