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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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17 Junio 2018 04:00:00
De domingo a domingo
Elecciones y futbol. ¿O futbol y elecciones? Dos acontecimientos que en uno u otro orden acaparan hoy la atención de los mexicanos. Unos pensarán primero en las elecciones, muchos en el Mundial de Rusia. Aunque las encuestas señalan desde hace tiempo un puntero en las preferencias de los ciudadanos, queda en el aire el destino de los llamados “votos útiles” y hacia dónde se inclinarán los sufragios de los indecisos.

El futbol, ya se sabe, es hoy una suerte de religión que, en buena medida gracias a la televisión, se ha convertido en universal, como el catolicismo. Esta universalización del deporte de las patadas ha borrado fronteras. Hace años, por ejemplo, solamente a algunos miembros de la H. Colonia Española en México les interesaba si el Real Madrid superaba al Barcelona en el campeonato español, o el blaugrana vencía a los merengues. Hoy, en cambio, millares, quizá millones de mexicanos profesan la fe madrilista como si hubieran nacido en el barrio de Atocha o siguen al Barsa con una fidelidad rayana en el fanatismo digno de los vecinos de las Ramblas.

En el mismo tenor, de hacer una encuesta actualmente, nueve de cada 10 niños y jóvenes dirán sin titubear las nacionalidades de Leo Messi y Cristiano Ronaldo y los equipos en que juegan, pero, posiblemente –para no decir seguramente– no sabrán el nombre del actual diputado local y el senador que los representa.

Respecto a la Selección Nacional hay todavía menos dudas que sobre las próximas elecciones. Nuestros seleccionados despiertan más incertidumbres que entusiasmo, a pesar de los esfuerzos de las televisoras por alentar un nacionalismo futbolero que no acaba de prender. Para colmo de males, los nuestros debutarán en el Mundial enfrentando a esa potencia llamada Alemania y, como se sabe, el muro teutón ha resultado históricamente infranqueable para las huestes mexicas.

Pero eso sí, no cabemos de gozo porque la FIFA decidió que la copa del lejano 2026 se llevará a cabo en México, Estados Unidos y Canadá. Tres países de América del Norte que lograron ser designados sede de la fiesta máxima del futbol, pero son incapaces de arreglar sus diferencias a propósito del Tratado de Libre Comercio. Ces’t la vie, dirían los franceses: Estamos de acuerdo en el fut, pero nos agarramos a patadas cuando de comercio se habla.

Así las cosas. La decisión acerca de quién habrá de ser el próximo presidente la tomaremos el 1 de julio próximo, o sea dos domingos después de que hayamos sabido cómo le fue a los tricolores en su complicado partido contra los hijos de Ángela Merkel, quienes para un buen número de analistas se perfilan como posibles triunfadores de la justa deportiva.

en uno u otro caso, es necesario guardar la calma y tomar las cosas con filosofía. Nada de soltar el tigre si no gana el candidato de nuestras preferencias, ni rasgarse las vestiduras o formar un lago de lágrimas en torno a la Columna de la Independencia si la Selección Nacional resulta eliminada rápidamente. Será la mayoría de los ciudadanos la que decidirá a quién desea como Presidente, y la habilidad o falta de ella marcará el destino de nuestros representantes en Rusia.

En dos domingos más sabremos qué pasó. Lo que a nosotros corresponde es votar el 1 de julio y apoyar moralmente al “Chicharito” y compañía. En otras palabras: llevar la fiesta en paz y que la amargura de la eventual derrota no nos envenene ni nos divida. En la democracia y en el futbol se gana o se pierde, sólo que en la primera no hay empates ni decisiones por medio de tiros de penal.
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