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Algarabía
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27 Julio 2014 03:00:00
¿De dónde viene… tiquismiquis?
Si esta palabra no existiera, ¿cómo describiría yo a mi madre? Cualquier definición se quedaría corta. Usted también la ha oído, sin duda. Y de seguro conoce a algún tiquismiquis, y probablemente lo tenga más cerca de lo que quisiera.

Tiquismiquis designa a esa persona quisquillosa y “exquisita” que siempre tiene algo de qué quejarse; alguna minucia que al simple mortal le da igual, el tiquismiquis la rechaza al instante, sobre todo si es especialista en el tema: que si su platillo no está cocinado justo hasta el punto que le gusta, que si la cátsup no es de tal marca mejor ni la prueba, que es incapaz de salir de casa sin ponerse perfume o con la ropa arrugada, que no va a la playa porque le molesta la arena y que, como nunca nada está suficientemente limpio, se lava las manos de modo obsesivo o siempre carga toallitas húmedas.

Esta voz –que Francisco de Quevedo emplea por primera vez en español en 1632– tiene su origen en el latín medieval hispánico, por una alteración vulgar de tichi, ‘para ti’ y michi, ‘para mí’, que debido a una artificial pronunciación donde se adjudicó a la h un sonido gutural, derivó en tibi y michi, literalmente “cositas para ti y para mí”. Esta apropiación puede relacionarse también con la frase latina hodiemihi, cras tibi, “hoy por ti, mañana por mí”.

Según el DRAE, se refiere a los “escrúpulos o reparos vanos o de poquísima importancia” que hace alguna persona, o a la persona que los hace. Se empleó primeramente con referencia a ciertas discusiones teológicas monacales y también alude a riñas o discusiones promovidas con muy poco motivo, pesadas o frecuentes. Si se encuentra a alguien así, anímese, pronuncie la palabra, y quizá hasta le produzca cosquillitas.
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