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Dalia Reyes
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23 Febrero 2019 03:00:00
De dos en dos
En un baño de mujeres se pueden captar hasta cinco conversaciones simultáneas

Se requieren características muy específicas para ir al baño de mujeres. Yo no cubro ese primer requisito de parecer, ser y actuar como dama de compañía.

No tengo muy claro por qué las mujeres no van solas al baño. En lo personal, cuando hay una urgencia, escapo, repto por entre la gente y paso
inadvertida.

Alguna vez seguí a unas primas; me esforcé en vano por desentrañar ese secreto antiquísimo y femenino, pero no encontré nada espectacular: hablaron sobre los vestidos de todas las asistentes –excepto ellas– y las carencias o abundancias nuevas en los caballeros viejos.

No tengo la habilidad para reservarme los asuntos: si voy a abordar un tema lo comento en sobremesa, en tanto los invitados más felices bailan la rayita. Las mujeres de verdad son sagaces y reservan una parte muy sabrosa para agotarla frente al lavabo; las acotaciones se hacen de un sanitario a otro. Un baño en día de boda se vuelve mercado sobre ruedas y no torre de Babel, pues de forma inexplicable nadie se confunde con la plática ajena ni se mezclan personajes.

En un baño de mujeres se pueden captar hasta cinco conversaciones simultáneas. Cada pareja cuenta una historia intacta, aprende una segunda y complementa la tercera. En esos casos, cuando al regreso del sanitario alguien me pregunta qué me contaron en mi viaje por ese paraíso de la comunicación, yo, como Pito Pérez, digo: nada, nadie dijo nada.

Nunca entraré a ese club tan distinguido; los talentos requeridos no me los dio natura, mucho menos la Sorbona, y dudo mucho, a estas alturas, desarrollar semejantes habilidades y aptitudes. Ese misterio de ir al baño para dos nunca podré desentrañarlo.

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