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02 Octubre 2018 04:00:00
De fusilamientos
Por: Fernando Bañuelos

A finales de cierto año, un periodista se entera de un intento fallido de ejecución extrajudicial masiva ocurrido unos meses antes. Encuentra dos, cuatro, siete sobrevivientes. Todos eran inocentes. Cuenta una y otra vez su historia y la de los poderosos que los mandaron ejecutar hasta que, 20 años después, él mismo es herido y detenido por uniformados. Hoy sigue desaparecido.

Esto pasó en Argentina el 9 de junio de 1956. Esta es la historia de la Operación Masacre, que Rodolfo Walsh investigó y escribió en menos de un año y que no dejó de revisar hasta su desaparición forzada el 25 de marzo de 1977.

Operación Masacre fue el primer libro de Walsh después de su etapa como novelista policiaco y el primer ejemplar de ese género disforme que hoy llamamos New Journalism, nueva crónica de Indias, novela de no-ficción, etcétera, y que se ha expandido por toda Hispanoamérica y el mundo.

No quiero insistir en este punto (ni llamarlo “clásico”) porque le da un aire de abuelo bonachón que no merece. Operación Masacre es un libro joven, marcado por la rabia. Al principio y al final se agregan los apéndices que el autor fue añadiendo en las sucesivas ediciones y revisiones del libro. Juntos, cuentan otra historia, igual de conocida para los latinoamericanos las ejecuciones y desapariciones forzadas: la verdad probada e ignorada, los años en busca de reivindicación, el eventual desencanto. En palabras de Walsh, “los muertos, bien muertos; y los asesinos, probados, pero sueltos”.

La narración equilibra la empatía con las víctimas y el rigor periodístico. Walsh cree los testimonios y está claro de qué lado está, pero revisa cada hueco y cada contradicción causada por el pánico y el aturdimiento. Cuando la versión oficial choca con los testimonios no la descarta sino que busca demolerla, y casi siempre lo logra. Es lírico sin ser cursi y no sacrifica velocidad narrativa a favor de sentimentalismos fáciles. El resultado es una condena implacable contra las mentiras, la impunidad y la violencia arbitraria de las dictaduras militares.

Es surreal, por eso, lo reconocibles que son para el lector mexicano las situaciones y escenas que presenta este libro. Es una lástima que sólo pueda conseguirse a través de descargas electrónicas ilegales o ediciones inciertamente compradas por internet (ambas repletas de errores, por cierto). Cada dos o tres páginas hay una frase o un episodio entero que se ofrece como espejo distorsionado de nuestro presente: enfrentamientos con las fuerzas armadas que dejan como saldo solamente civiles muertos, esposas y madres en calvario, preguntando dónde están sus desaparecidos (y funcionarios que saben la respuesta y se niegan a darla), altos mandos que se esconden tras investigaciones falsas y el fuero militar.

Con todos sus méritos literarios y periodísticos, tal vez lo más valioso hoy de Operación Masacre sea el recordatorio que guarda acerca del color real del terror en Latinoamérica: no rojo sangre sino verde oliva.
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