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Luis Bernal
Luis Bernal
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Narrador y cronista. Autor del libro de cuentos ‘La casa púrpura’ y la novela ‘Por este cielo jamás dejan de circular aviones’. Colabora para varias revistas y periódicos del país. Hincha de Tigres y la música norteña.

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14 Marzo 2018 04:00:00
De Hemingway a Piporro
Desde Cortázar, Hemingway, Auster, Stephen King, Vargas Llosa, Murakami y Kerouac, hasta el mismo Eulalio González “Piporro”, le dedicaron parte de sus obra al rey. La relación entre el deporte y la literatura viene probablemente desde Píndaro y todas aquellas historias de las hazañas deportivas de los héroes míticos que no está por demás decir, le dedicaban esos encuentros a sus dioses y esto me recuerda a cada pelotero que, cargando el bate, avanza hacia la caja de bateo cuando se acerca su turno y se persigna o mira al cielo encomendándose a su dios a pesar de conocer bien que el entrenamiento, la disciplina y si lo queremos, un poco de suerte, son los factores que lo convertirán en héroe o en villano.

Por cierto, eso de que “el beisbol es el rey de los deportes” se le atribuye a Einstein, y claro está, no deja de ser una frase muy literaria cargada de ficción. El autor (de ser este), seguramente la habría dicho con cierta ironía, a pesar de que muchos de los aficionados pudiéramos discutir acerca de la certeza o no de dicha frase. Antes de eso no está de más analizar un poco una sola palabra: rey. Sabemos que es un término propio de países monárquicos como lo fue el Sacro Imperio Romano Germánico (que abarcó parcialmente a Alemania, lugar donde Albert nació), pero nunca pasó en Estados Unidos (donde se naturalizó), así que la simbología de los deportes de gringolandia no tenía ninguna referencia monárquica hasta que apareció “el rey de los deportes”.

En México, figuras como Vicente Leñero (1933 – 2014), que escribió “Pisa y corre. Beisbol por escrito”, forman parte de una fanaticada que ha colaborado no sólo para las letras del país, sino también para el deporte de la pelota caliente. Leñero, un aficionado a Los Diablos Rojos contaba infinidad de historias relacionadas con el beisbol.

Por otro lado, el escritor sinaloense Élmer Mendoza en su novela El amante de Janis Joplin, nos cuenta sobre David Valenzuela, quien luego de huir por asuntos de la ley a Culiacán, comienza a jugar béisbol y cuando menos piensa se encuentra reclutado por Los Dodgers y enamorado de la hippie cantante.

No es casual tampoco que Ernest Hemingway hubiera decidido vivir en la Finca Vigía, su hogar por 20 años en Cuba, lugar en donde escribe aquella novela corta y heroica sobre un viejo pescador cubano, luego de trotar por el mundo como reportero de guerra, aficionado a la cacería, la pesca, el boxeo y por supuesto el beisbol. La influencia de la isla en el autor, y viceversa, es tanta que hace poco reactivaron el equipo de beisbol infantil “Ernest Hemingway”, en Cuba. Dicho equipo se formó originalmente en la década de los 40 para entretener a los hijos de Hemingway cuando paraba en la isla. Como esta hay muchas cosas relacionadas con el beisbol que rondan las inmediaciones de Finca Vigía; los fantasmas y recuerdos ocultos aparecen de tanto en tanto para demostrar que Ernest tuvo la capacidad de dejar legados domésticos que con el tiempo se transformaron en mitos.

‘El Piporro’

Eulalio González fue reportero, redactor, locutor, escribía guiones de cine, dirigía; fue compositor e intérprete y practicaba basquetbol, beisbol, natación y contó que alguna vez fue equilibrista, así que no me sorprendió nada cuando me enteré que en una ocasión ganó un premio en la radio escribiendo un poema beisbolero cargado de humor. Acá se dejo un pequeño fragmento:

Desde el “Box” de mi pasión te lanzo,

La primera bola de sentimientos míos,

Esperando dar un “Hit” Pa´ver si avanzo.

A la base de tu amor que tanto ansío.
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