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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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31 Mayo 2015 03:00:16
¡De la patada!
No soy aficionada de hueso colorado al futbol.

Tengo mis favoritos, claro, acaso sabré el significado de algunos términos para nombrar jugadas.

Cada cuatro años me pongo la verde para emocionarme y sufrir con nuestra Selección en el Mundial.

Lejos estoy de ser una conocedora del mundo pambolero.

Sin embargo, este espacio lo he dedicado en ocasiones para hablar de este deporte en un solo sentido: nos guste, o no, tiene una cualidad que se le reconoce en todo el mundo (que, acaso, podría ser la única actividad que lo conserva): es un pegamento social eficaz.

En cualquier país se juegan cascaritas, la gente va al estadio, se reúne para echar unas chelas mientras goza o sufre con su equipo.

Para que dimensionemos: la FIFA tiene registrados a más países que la ONU. Así de grande es la afición y sí, también, así de millonario es el negocio.

Por el futbol se juegan cientos de ligas alrededor del globo en toda América Latina, Europa, ahora con potencias emergentes como EU o países africanos.

En fin. Es un mercado gigantesco con cientos de actividades económicas derivadas.

Por el futbol se invierten miles de millones de dólares en publicidad, en productos enfocados a equipos, en videojuegos, en turismo, etcétera, hay partidos que, incluso, son alabados fuera de sus propias fronteras, en México los pamboleros siguen puntualmente la Champions League o la Libertadores.

Por el futbol se realiza el que será el evento más importante del mundo. Por el futbol se paralizan naciones enteras, cuando se celebra el Mundial las calles de los países participantes se llenan de júbilo, de fiesta.

Cada gol representa una palmada en el hombro para cada ciudadano.

“Sí se puede. Sí, sólo es cuestión de sabérsela jugar...”, como metáfora para levantar el ánimo de sociedades enteras, éstas enganchan (de manera incomprensible) su autoestima colectiva a la camiseta de 11 muchachos corriendo tras una pelota.

De ahí su profundo poder de cohesión grupal, regional, nacional... Nuestro país es un ejemplo de lo que su Selección Nacional representa para una idiosincrasia que se ha visto devastada o motivada por los goles y los triunfos que se tienen en cada campeonato.

El futbol es, para muchos, una figura poética que logra unir y calmar tensiones políticas, sociales, religiosas, económicas. El futbol, a pesar de ser uno de los negocios más lucrativos dentro de la industria deportiva, tiene esa peculiaridad, pertenecerle a todos, independientemente de las diferencias entre los individuos de su afición.

Lo mismo lo disfrutan quienes viven en condiciones de pobreza que los más ricos.

Los creyentes que los ateos. Los hombres que las mujeres.

Los gays que los heterosexuales. Los analfabetas que los que tienen doctorado. Los de raza blanca, amarilla, negra, roja o multicolor.

Y, en casos como México, hasta los buenos y los criminales.

Todos se contagian del furor que provocan sus torneos, sin saber por qué están gritando.

Pero esa es su magia: la de ser un casi inasible impulso de masas que retorna a los individuos a la unicidad de la masa, del todo.

Por lo tanto, un pegamento social importantísimo que hoy es objeto de investigación, porque la FIFA se ha visto envuelta en un escándalo de la hidra de la corrupción.

Y justo cuando el escándalo es tal, Joseph Blatter se reelige una vez más. De nuevo él, como si fuera un Bashar al Assad, que prefiere ver sumido a su pueblo en la desgracia antes de renunciar al poder y a su feudo.

Las consecuencias pueden ser gravísimas: el futbol como una más de las víctimas de la ambición de unos cuantos que se corrompen y corrompen a toda una industria que era de las pocas que sirve de refugio social.

Vaya cinismo el de Blatter al decir que en su nuevo periodo al frente de la FIFA trabajará para fortalecerla.

Dinamitar la credibilidad de este deporte puede tener consecuencias inimaginables a nivel global.

Si el futbol deja de ser “juego limpio”, ¿qué cancha pareja e intachable nos quedará a las sociedades que ya hemos perdido casi todas las demás?
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