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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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03 Marzo 2018 04:09:00
De la posibilidad a la realidad
Ante todo, no deberíamos tomar a mal y prestar atención a la opinión del escritor y premio Nobel de la Literatura, Mario Vargas Llosa, quien señaló, al ser cuestionado, la posibilidad de que México retroceda en su democracia si elegimos un gobierno basado en una democracia populista, como la que parece ofrecer el candidato Andrés Manuel López Obrador.

Para Vargas Llosa, como para millones de personas, resultaría devastador tener un gobierno populista y no hace falta imaginar el desenlace, el ejemplo cercano es Venezuela. Hoy es un país sin derechos y en hambruna; después de décadas de gobiernos populistas, dos dictadores, Chávez y Maduro, acabaron por subyugar las garantías individuales de los venezolanos.

Mario Vargas Llosa dio en el clavo una vez cuando participó en el Encuentro Vuelta, organizado por Octavio Paz, moderado por Enrique Krauze en 1990 cuando nos recetó la frase: “México vive la dictadura perfecta”, la cual nos quedó como anillo al dedo. Esa no era una posibilidad, sino la realidad.

La posibilidad en sentido filosófico concibe todo lo que puede ser, provoca razonamiento para imaginar lo posible hasta que la probabilidad se plasma en realidad y esta en sentido filosófico significa la materialización de la posibilidad. Y, antes de meterme en problemas con los metafísicos, me detengo, pero no sin antes decir que no podemos cerrarnos a considerar todos los escenarios y tampoco creer en una realidad cuando cabe sólo en el espacio de la posibilidad. Lo que sí me queda claro es que, a partir de lo existente, de lo tangible, se fijan posturas posibles.

Si consideramos el hecho que en idioma español la definición de populismo no forma parte del diccionario y su uso es meramente de tendencia política, el populismo, concebido desde la cultura hispanoamericana, busca al pueblo para construir su poderío y manipula a las clases sociales bajas sin privilegios económicos. Suele basar su estructura en la denuncia constante de los males que encarnan las clases privilegiadas. Los líderes populistas, por lo tanto, se presentan como redentores de los humildes.

Por otra parte, en la cultura anglosajona, el populista busca el bienestar para sus semejantes, sobre todo para aquellos en desventaja. De no actuar así en la vida política, el gobierno no podría llamarse democrático sino autocrático. “El poder para la gente”.

Quizá el problema es la retórica que se utiliza con el vocablo populista en significado y cultura, que se pierde la realidad en la traducción. Es una realidad que los mexicanos no van con el PRI ni con el PAN, los candidatos de ambos partidos se andan pisando la cola por el segundo y tercer lugar, sus asuntos turbios les nublan la perspectiva; además, cuando están acorralados, pactan por su propio bien. No del pueblo.

Por otra parte, es una realidad que a Andrés Manuel López Obrador se le considera el mejor gobernador que ha tenido la Ciudad de México, significa el cambio y la esperanza.

El PRI y el PAN en verdad pueden quedar en posibilidad y quizá sea nuestra mejor realidad.
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