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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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14 Julio 2018 04:00:00
De la tragedia al rescate exitoso
No hay duda, con la ayuda de Dios lo que puede parecer imposible se convierte en hermosa victoria, transformando la realidad.

Eso sin duda sucedió con el rescate a los niños, quienes junto con su entrenador quedaron atrapados en una cueva inundada, al norte de Tailandia. Suceso que mantuvo a millones de seres a la expectativa de lo que iba ocurriendo.

Lo que parecía un proyecto de diversión se convirtió en un llamado de atención; nunca hay que exponerse al peligro. Es común decir “nunca ha pasado nada”; “conocemos bien el lugar”, aunque de antemano se conozca que hay riesgos debido a la situación que prevalece en los sitios programados.

Los riesgos siempre están presentes en cualquier parte, eso es cierto; como también lo es el que en ocasiones la confianza nos impide darnos cuenta de nuestros límites.“No sabemos si ha sido un milagro, la ciencia, o qué. Los 13 jabalíes están ya fuera de la cueva”, escribió en su página de fb, uno de los buzos tailandeses que participó en el rescate.

Obviamente, fue la suma de esfuerzos lo que logró un rescate exitoso y con prontitud, venciendo así el pronóstico de que las tareas para liberar a los niños y a su entrenador, se prolongarían varios meses.

El mundo vivió la angustia de saber a los pequeños atrapados; conscientes estuvimos todos del riesgo tan grande que representaba sacarlos de la cueva. La situación día a día se tornaría más difícil.

Sin embargo, hay algo más grande que cualquier peligro: La fe. Sí, la fe que nos mantiene de pie en cada momento difícil de nuestra existencia. La fe que nos impide sentirnos derrotados.

A ella nos aferramos con fuerza para pedir por nuestras necesidades, las de nuestra familia, amigos, conocidos y por tantas cosas más por las que oramos con fervor.

Las fuerzas quizás se desgasten, pero la fe, no. Ella siempre nos mantiene de pie, con esperanza de encontrar la solución. No podemos acudir al lugar de una tragedia, por mil motivos, pero desde donde nos encontremos la oración por aquellos que viven momentos de angustia, siempre estará presente en cualquier lugar del mundo.

Una mención especial merece el entrenador de los miembros del equipo de futbol tailandés, a quien se conoce como Pi Ekk o Hermano Ekk, quien permaneció con los deportistas en la cueva, en un lugar donde la humedad y la oscuridad los acompañó.

Un joven, que cuenta con 25 años y que un día fue ordenado monje budista en un monasterio, el cual tiempo después dejó. El hermano Ekk, aún sin conocerlo, podríamos decir que es un buen hombre. Los testimonios de los padres de los niños, así lo confirman.

Después de dejar el monasterio, cuidó un largo tiempo de su abuela, siendo un verdadero ejemplo no solo para los chicos de su edad, sino también para los adultos, ya que en la actualidad existen familias que a los “viejos” confinan al olvido en lugares llamados de “retiro” o “reposo”.

El entrenador de los jovencitos, a quienes tiene a su cargo en las tareas de brindar entrenamiento deportivo, les ha enseñado, además de la práctica del futbol, cómo meditar. Durante el tiempo que permanecieron en la cueva, eso fue -en buena parte- lo que permitió que se mantuvieran calmados. Aunque también, hay que decirlo porque ya se informó, que también les dieron tranquilizantes.

Nadie podría saber que iba a ocurrir como tampoco qué se lograría. Insisto, el apoyo que recibieron del entrenador directamente, sin duda significó mucho para la supervivencia de los niños.

La fe en Dios siempre estuvo presente a través de las acciones desarrolladas con entusiasmo, con calidez, con profesionalismo.

El trabajo eficiente de los buzos, entrenados, con conocimientos no solo de las tareas sino del lugar, el esfuerzo de todos los que participaron activamente en el rescate, hicieron posible el éxito.

Una muerte que lamentar, al iniciar el rescate, uno de los buzos pereció en las tareas. Se dijo que había dejado su equipo de oxígeno a los niños, poniendo en riesgo su propia vida. Aunque estaba consciente de que tenía pocas probabilidades de salir con vida de la cueva, prefirió dejar su equipo.

Su profesionalismo y amor al prójimo superaron su propio riesgo. Dios bendiga al equipo de rescate por el apoyo brindado a los niños atrapados en una cueva en Tailandia. Y a todos aquellos brigadistas en todo el mundo que diariamente toman decisiones con el único propósito de salvar vidas.
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