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Dan T
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10 Abril 2018 04:05:00
¡De miedo!
Era de madrugada, la calle, como siempre, estaba oscura, maloliente, sucia. En ese barrio, caminar era una invitación a ser asaltado. Y a esa hora, sufrir sólo un atraco había sido una bendición. Por eso quienes vieron a la guapa jovencita andar por la banqueta a paso lento, simplemente le dedicaron una mirada de lástima. Todavía no llegaba ni a la esquina cuando de entre las sombras le salió un tipo que no necesitaba armas para sacarle un susto a cualquiera, aunque se sabía que siempre traía una pistola entre la ropa y una navaja en la mano dentro de la chamarra. La muchacha se detuvo en seco al verlo. El hombre le preguntó con una sonrisa macabra:

–¿Y a ti qué? ¿No te da miedo caminar por aquí solita?

–Cuando estaba viva, sí.

Si eso no te espanta, lo que sí debe preocuparte es la posible cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Por alguna extraña razón, si es que realmente tiene una razón, Andrés Manuel López Obrador ha decidido convertirlo en su enemigo favorito. Sospecho que el viejito chulo padece aerófoba, que es el miedo a volar en avión. O a lo mejor sólo le tiene miedo a las alturas. O simplemente es un payaso paranoico. Sea lo que sea, es evidente que no le gustan los aviones. Primero la agarró contra el avión presidencial y dijo que lo iba a vender. Como ya vio que va arriba en las encuestas, pues como que ya se le olvidó ese asunto, porque seguramente no querrá quedarse sin aeronave. Y ahora la agarró en contra del NAIM. Está duro y dale con que quiere cancelar el proyecto si llega a la Presidencia. Su principal asesor es Javier Jiménez Espriú, un señor que además de nombre de pirrurris tiene en su historial haber fundado la Academia de Música del Palacio de Minería y haber sido director de Mexicana (sí, la que quebró) durante un año. ¡Un añote! Ya con eso siente que sabe mucho de aviones, aeropuertos, rutas de vuelo y hasta de construcción de pistas. Jiménez Espriú es un ingeniero muy conocido y respetado, pero es ¡ingeniero mecánico, no aeronáutico! Y es miembro de la Academia Sueca, pero de Astrofísica, es decir, del estudio de los astros en el espacio, lo cual implica que lo suyo es andar en la Luna, no estar jode y jode con que no le gusta el aeropuerto en Texcoco. Pero como en México no importa la preparación, sino hacer ruido –por eso “El Piojo” Herrera está donde está–, el mundo político anda de cabeza discutiendo sobre qué diablos hacer con el aeropuerto que ya se empezó a construir.

La respuesta es muy sencilla: hay que construirlo. Hay que seguir y tener un aeropuerto grande y moderno. ¿Por qué? Porque lo necesita el país. Porque atrae gente, llegan más turistas, se exportan más mercancías, se crean más empleos.

El otro día, un animalito del bosque de esos que abundan en las redes sociales, escribió en Facebook: “El 80% de los mexicanos jamás se sube a un avión, ¿dónde están nuestras prioridades?”. De golpe, parece que tiene razón. Si lo piensas tantito, te darás cuenta de que está pendejo. El hecho de que la mayoría de los mexicanos no asista nunca a un concierto de la Sinfónica Nacional, no significa que debamos cancelarla y mandar al desempleo a músicos, tramoyistas, boleteros, acomodadores y hasta quienes venden los dulces en el intermedio. Hay cientos de carreteras por las que tú y yo jamás pasaremos, pero no por eso tendríamos que dejar de usarlas. Hay alguien que las necesita, gente como tú y como yo que realmente las usa y las aprovecha. El criterio para construir el aeropuerto no puede ser que sea algo que usen todos los mexicanos. Sin duda, todos nos beneficiamos, y seguramente me dirás que sólo unos cuantos se hacen ricos con su construcción. Eso también es cierto.

Pero, a fin de cuentas, cancelar el aeropuerto sería cancelar el futuro para muchos empleos. Y eso es algo que debería darnos miedo. ¡Qué mello!

¡Nos vemos el jueves!
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