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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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16 Febrero 2017 04:00:00
¿De qué color es la piel de Gil Gamés?
Me pregunta “Gilga” si el color de la piel importa. ¿Cómo no va a importar? Bien lo sabemos él y yo que tanto nos hemos beneficiado por nuestro color de piel.

En México significa una gran ventaja, ¿o no don Gamés? ¿Se atrevería usted a negarlo? A decir que no hay juicios y prejuicios que nos favorecen por una condición que el azar nos entregó sin preguntar.

Algo de sinceridad, por Dios. Vivimos en un país de fuertes discriminaciones porque no nos atrevemos a nombrar a las cosas por su nombre. En México hay racismo y usted y yo hemos obtenido ventajas por ello. Si no es su caso, usted disculpe. Lo voy a decir en primera voz del singular: soy un privilegiado del racismo mexicano.

Recién otro amigo de hace años se sumó a su mismo reclamo y me escribió: “me sorprende el clasismo que subyace a tu crónica de hoy”. Igual que a don Gamés lo incomodé con mi texto La Marcha de Quienes sí Tienen Visa (El Universal 13/02/17).

A ambos respondo aquí que poseo –como diría el clásico– amplia conciencia de clase. No me vaya a malentender, no padezco culpa sino conciencia del país al que me vino a traer la cigüeña. A su estructura social injusta y asimétrica he dedicado cavilaciones largas, lecturas abundantes y algo de pluma.

“Gilga”, querido, es desde esta conciencia que escribí la crónica de marras. Dudo que ella pueda convertirme en un individuo racista o clasista, cuando precisamente por obra suya puedo criticar el privilegio que otros ignoran –aunque al hacerlo necesariamente traicione mi origen social.

Disculpe usted, pero no conozco otra manera de combatir la vergonzosa desigualdad de trato que todos los días dispensa la sociedad mexicana.

Es justo a partir de esta conciencia, nada nueva en mi biografía, que ahora respondo a su pregunta. Amigo Gil, ¿qué le parecería la convocatoria a una marcha a favor de las mujeres a la que sólo asistieran varones? ¿O una a favor por los pueblos originarios que no incluyera indígenas, o por los jóvenes, sin jóvenes, o por la paz mundial sin pacifistas?

¿Me hago entender (caracho)? Desde luego que en este tema el color de la piel importa. Y también la edad, el sexo, el origen étnico y la clase.

Las marchas del pasado domingo tuvieron dos nombres. Una se llamó Mexicanos Unidos y la otra Vibra México. ¿Se puede convocar a la unidad de los mexicanos sin una buena parte de los mexicanos? ¿Se puede invitar a que vibre todo México sin una reunión plural de los rostros y las causas?

El arpa precisa de 47 cuerdas para vibrar. Con cuatro de plano no alcanza.

Si la convocatoria quería echar montón contra Trump se necesitaba mucha mayor generosidad –y quizá también más tiempo– para evitar que tantos quedaran fuera. Temo que usted no haya leído bien mis argumentos y por eso me atrevo a ponerme necio: la convocatoria a una marcha como la pretendida no puede ser excluyente.

No es que los blancos seamos gente mala y los morenos gente buena. Tampoco que sólo a los malvados nos otorguen visa para entrar a Estados Unidos y a los buenos se las nieguen.

Además de obsequiarme su frecuente lectura concédame mejor inteligencia. “Gilga”, lo malo fue el sesgo sociológico de los asistentes a la fiesta.

No vaya usted a comprarse como explicación de una marcha desangelada el que no hubo acarreados. Tampoco se permita suponer que la señora Wallace –señalada por usted como “basura política”– conspiró con el Gobierno para descarrilar el movimiento.

Si así hubiera sido, su contingente habría estado más nutrido y, sobre todo, no habrían pactado cantar juntos el Himno Nacional los convocantes de Vibra México con los de Mexicanos Unidos.

“Gilga”, la falta de ángel se debió a la contradicción que implica marchar sin mexicanos migrantes, sin indígenas, sin piel morena, sin jóvenes y sin desclasados; sobre todo cuando lo que se pretendía era combatir la xenofobia blanca, el racismo antimexicano y la plutocracia infame de Donald Trump.

Querido don Gamés, somos lo que dialogamos y, sobre todo, somos con quien dialogamos. La convocatoria del domingo dejó fuera a mucha gente y por eso fracasó.

ZOOM: Confío en que luego podremos echarnos el taco prometido. Me duelo mientras tanto por otros amigos que, sin el buen humor que a usted lo caracteriza, me han descalificado por clasista, racista y mal bicho. Quita el sueño, pero este tema me pareció demasiado serio como para verlo estrellarse –como diría la mamá de Gil Gamés– sin meter las manos.
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