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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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26 Junio 2016 04:08:48
De qué les sirve la reforma
1.- De repente Gabriel dejó de ir dos semanas a clase. “¿Por qué no habías venido?”, le preguntó la profesora cuando al fin regresó. “Mi papá se quedó sin trabajo y mi mamá se gastaba el poco dinero que tenía en la trama –comida–, o me daba pa la combi”, respondió el alumno de primer grado de secundaria.

2.- Valeria y Marcela fuman mariguana casi todos los días, y cuando no hay pa la chiva le entran al chemo, resistol u otros inhalantes que en teoría no les deben vender en las ferreterías donde lo consiguen. Eso sí, no se drogan en la escuela, pero sí en la plaza pública que está muy cerca. Sacan el libro de Español de la mochila, lo abren y fingen estudiar cuando pasan peatones o peor aún, la tira. “Nos escondemos atrás del libro o de los cuadernos, como si lo
estuviéramos leyendo, pero nada, es ahí cuando le damos el pasón. Y ahí nos quedamos hasta que nos da el bajón”.

3.- “Pinches polis culeros”, gritaron Rosaura, Verónica y Sofía, de 12 y 13 años, cuando agentes municipales detuvieron a uno de sus compañeros cuando caminaba por la Alameda. Los uniformados también fueron por ellas y las treparon a la patrulla. En las celdas de la Dirección de Seguridad Pública convivieron por horas con dos prostitutas, un homosexual, un sujeto detenido por drogarse en la vía pública y otro más por robar un comercio. Antes, literalmente
pasaron por las manos de dos mujeres policía: “revísenlas bien, por todos lados, no sea que traigan algo guardado”, ordenó el comandante.

Rosaura y Verónica salieron seis horas después, luego de que sus padres y hermanos se movilizaron para llevarlas a casa. Sofía durmió ahí una noche y al día siguiente por la tarde su abuela fue por ella. “Que se chingue, pa que anda haciendo maldades”, le dijo a los policías, quienes no debieron detenerlas ni ultrajarlas por su condición de edad.

4.- “En la pandilla que estaba antes rolaban pastillas, pero por eso me gusta más en la que estoy ahora, porque acá es pura mota”, le contó Guadalupe a su maestra de secundaria.

– ¿Y cada cuándo te drogas? –indagó la profesora.

– “Pos cada vez que hay; casi todos los viernes y sábados”.

5.- Francisco no se droga, tampoco reta a la autoridad. Trata de cumplir en la escuela, pero su prioridad es pasar de año, terminar la secundaria y llegar a diario a casa con algo de dinero. Desayuno casi nunca hay y después de la escuela trepa a un camión de transporte colectivo, donde canta corridos y cumbias a cambio de las monedas que le dan los pasajeros. Llega a su casa después de media tarde y come si a su madre le alcanzó para guardar un taco, pues
tiene dos hermanos menores que alimentar.

A Gabriel, Valeria, Marcela, Rosaura, Verónica, Sofía, Guadalupe y Francisco, ¡qué diablos les va a importar saber la conjugación de verbos en transitivo, aprender de memoria las capitales del mundo o pasar horas de clase discutiendo sobre economía mundial! Su capacidad intelectual, cognitiva y su madurez están rebasadas por su propia realidad, por las drogas y la prostitución a la vuelta de la esquina o en su casa; por el pandillerismo y el acoso.

Valdría la pena que los autores y defensores de la reforma educativa platicaran con ellos al menos un día, mejor aún si es lunes, pues llegan a la escuela y cuentan cada historia del fin de semana...
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