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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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10 Septiembre 2017 04:01:00
De sainetes y tragedias
A medida que se aproxima el año decisivo de 2018 las fuerzas políticas del país se ven envueltas en una escalada de ebullición. Ni siquiera las furias naturales –huracanes enfilados uno tras otro con enorme fuerza devastadora contra ambos lados del continente–, parecen distraer a la mayoría de los políticos mexicanos, que, se diría, traen grabados a fuego en la frente solamente cuatro dígitos: 2018.

El sainete escenificado el martes anterior en la Cámara de Diputados es solamente el prólogo de lo que podemos esperar en los próximos meses. No es necesario ser profeta para asegurar que las posiciones se endurecerán y los desencuentros irán subiendo de tono.

Y es que esta vez no se trata ya de la vieja adivinanza del “tapado”, al que el genial caricaturista Abel Quezada colocó una simpática capucha y hasta lo convirtió en anuncio de cigarrillos de la marca Elegantes.

Aquel era un juego o, si usted quiere, una suerte de ejercicio detectivesco. Consistía en interpretar hasta el menor gesto del Presidente en turno para descubrir hacia cuál de los miembros de su Gabinete, “el tapado”, apuntaría el gran dedo elector.

En la baraja sobre la mesa, ¿cuál de ellos será el elegido? ¿Acaso José Antonio Meade, el hombre que ha transitado con éxito y sin señalamientos lo mismo por sexenios pintados de azul que por el de tres colores? ¿El Gran Elector se inclinará por quien se dice es su más cercano amigo, Aurelio Nuño, sobreviviente del feroz bombardeo desatado por la reforma educativa? Sin descartar, por supuesto, a nuestro paisano José Narro Robles, considerado por ciertos opinadores como la versión nacional de Bernie Sanders.

Pero México dejó de ser hace tiempo una monarquía sexenal, según la definición de don Daniel Cosío Villegas, y si algunos –que los hay– gustan de seguir jugando al “tapado”, lo hacen conscientemente de que la elección presidencial no conllevará esta vez la unción automática del próximo mandatario. El designado será la carta a jugar por el partido del Presidente.

Y será un candidato que, además, se verá forzado a remar contra la terca corriente de las encuestas, las cuales colocan a Andrés Manuel López Obrador como favorito. Sin olvidar a otras fuerzas políticas que eventualmente pudieran coaligarse para competir. (Ahora prevalece el cálculo sobre cualquier otra consideración). La política se hace hoy, en muchos casos, con una sumadora en la mano, no mostrando a los electores una carta de principios o plan de trabajo.

Es esta la razón por la cual atestiguamos uniones sorprendentes que en otros tiempos hubiéramos calificado de pecados contra natura. Supuestas izquierdas y supuestas derechas se unen y forman al calor de las elecciones frentes comunes echando mano de una muy útil amnesia que les hace olvidar antiguas diferencias que creíamos insalvables.

Tal pragmatismo pedestre incrementa la incertidumbre y alimenta el escepticismo del ciudadano, quien asiste al proceso de la sucesión presidencial con notable indiferencia, considerándolo asunto de las “cúpulas”, el cual le resulta ajeno.
 
TRAGEDIAS

Al golpe inmisericorde de los huracanes que castigan amplias zonas del país, se sumó el sismo de 8.2 de intensidad en la escala de Richter, acumulando para México las situaciones de emergencia. Millares de compatriotas enfrentan la tragedia. Es una buena llamada de atención para advertirnos que debemos ocuparnos de lo verdaderamente importante: tenderles la mano.
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