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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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06 Mayo 2017 03:00:00
Debate fallido
En el segundo careo de candidatos al Gobierno prevalecieron de nuevo las descalificaciones, sobre todo entre los candidatos del PRI, Miguel Riquelme, y del PAN, Guillermo Anaya –por sus casas, sus relojes, sus propiedades–, así como las denuncias contra las administraciones de los hermanos Humberto y Rubén Moreira. Armando Guadiana, de Morena, insistió en la prueba del polígrafo para conocer la verdad sobre las fortunas de sus rivales priista y panista, los cuales, reiteró, representan los mismos intereses.

En un estado cuya deuda se disparó de cero a más de 40 mil millones de pesos, de los cuales se han pagado cerca de 20 mil millones de intereses sin reducir el capital, y donde hasta ahora los responsables siguen impunes, el tema dominante fue la corrupción. De nuevo resonaron las consignas de “cárcel para los Moreira”, de la mayoría de los aspirantes, y la promesa de Riquelme de aplicar la ley “caiga quien caiga”.

El independiente Javier Guerrero advirtió que el reto de Coahuila consiste en “nombrar al fiscal Anticorrupción e integrar el Comité de Participación Ciudadana; impulsar la ley de adquisiciones y obras públicas para transparentar la gestión de Gobierno y una ley de contabilidad gubernamental para que se conozca cómo, cuándo, por cuánto y con quién establece contratos el Gobierno”.

José Ángel Pérez, del PT, acusó que las empresas fantasma, a las cuales se desviaron más de 500 millones de pesos el año pasado, afectaron el abasto de medicamentos y los apoyos sociales. Mary Telma Guajardo (PRD) dijo que la transparencia y la rendición de cuentas son el antídoto contra la corrupción, en tanto que el independiente Luis Horacio Salinas denunció que el ICAI “está coludido con el Gobierno”.

Guadiana aseguró que en su administración “no habrá espacio para la opacidad (…) la transparencia llegará para quedarse. “Memo”, le dijo al candidato del PAN, “dices que no quieres a los Moreira, pero tu compadre Calderón lo exoneró”. También cuestionó a Anaya y a Riquelme por no haber aceptado el reto de mostrar las declaraciones fiscales de los últimos diez años para saber el origen de sus fortunas.

Anaya –replicó el priista– no tiene autoridad moral para hablar de transparencia y las ganancias de Guadiana no salen de los toros. “La corrupción es un mal que aqueja a funcionarios de todos los niveles, de todos los partidos y de todos los sectores de la sociedad”. Por representar al partido que este año cumplirá 88 años en el poder y por su relación con los hermanos Moreira, Riquelme acaparó las críticas de Anaya, Guadiana, Guerrero y Pérez.

Guerrero deploró: “Coahuila no debe ser nunca más nota roja por la corrupción o por la violencia. La herida no se resuelve con el perdón y olvido que es lo que haría Anaya. Tampoco con la complacencia y tapadera que sería si queda Riquelme”. (…) A mí me gusta hablar con la verdad”.

Frente a los cuestionamientos y dudas, Anaya atajó: “Nosotros sí vamos a proceder hasta sus últimas consecuencias en el fraude de la megadeuda. Investigaré la ruta del dinero, cómo salió de las arcas del gobierno, cómo llegó a los bolsillos de los Moreira y de sus cómplices”. Fue él quien cerró el debate con un llamado para terminar con 88 años de gobiernos del PRI, aunque los peores –dijo– fueron los dos últimos. La moderación de Carlos Puig fue buena, pero el discurso que sacudiera la conciencia de los coahuilenses nunca llegó.
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