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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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11 Junio 2017 04:04:00
Democracia, amor y desamor
“Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, son ojos y sin brazos.” Octavio Paz. Escritor mexicano.

Qué triste es ver cómo Coahuila sigue repitiendo su propia historia de amor y desamor con la democracia. Y conste, no me refiero a todos los coahuilenses, que con mucho honor y dignidad salieron a votar el pasado domingo, haciendo de la jornada comicial una verdadera fiesta de civilidad. No, me refiero a aquellos que cuando ven que no van a ganar, arrebatan, y de la fiesta pasan a la orgía en la que insultan, golpean, y terminan violando al resto de los invitados que piensan distinto a ellos.

Hace más de dos años, en la columna número 17 de este espacio, que es de todos ustedes mis sibaríticos lectores, traje a colación otro poema electoral, ahora de la autoría del Humilde poeta Margarito; el humorista involuntario supuestamente nacido en Chamacuero, Guanajuato, hoy Comonfort, y que muchos afirman no es sino el alter-ego del abogado uriangatense don Leobino Zavala Camarena. Poema que refleja en mucho lo acontecido una vez acabada la elección donde, ahora a través de las “fuerzas del (des)orden” se violentaron una cantidad considerable de paquetes electorales que estaban bajo resguardo del Instituto Electoral de Coahuila y de la malhadada corporación policiaca, que por algo será que le pusieron como primer nombre el de precisamente “fuerza”, porque todo lo hace así como se denomina: a la fuerza y atropellando la voluntad popular.

Y si no fue así, que alguien por favor me explique, ¿por qué el candidato del tricolor dijo primero que había ganado por 12 puntos porcentuales, luego que sólo por 2 de esos originales 12, asegurando además en ese segundo instante que no contaba más que con el 50% de las actas, para salir el martes antes del inicio de los cómputos con que iba a ganar por alrededor de 30 mil votos, cuando según esto ya contaba con la totalidad de las actas, cuando ni el propio Instituto contaba con esa totalidad porque al menos mil de ellas o no estaban contabilizadas por ilegibles o por tener errores, o simplemente no existían? Sucediendo al final que ¡PUM! Como por obra de magia, efectivamente el candidato que dice el Instituto ganó, lo hace exactamente por la cantidad por él anunciada; cuando además él tampoco ha mostrado una sola de las actas con las que se declaró ganador.

¡En fin! Aquí el poema, y díganme ustedes mis fieles lectores si no es un vivo retrato de nuestra triste historia, que ya más que de amor y desamor, parece de violencia intrafamiliar…

Yo no había visto elecciones como las nuevas de ayer; gritos, palos, mojicones y piedrazos a más ver.

Las urnas de votaciones no eran urnas ni eran nada, pues eran unos cajones con la tapa desclavada.

Y los que estaban sentados en la mesa de respeto, puros descuacharrangados, casi sin ningún objeto.

A todos los que votaban en contra del candidato mucho que los carniciaban, pasando así muy mal rato.

Y todo fue para nada porque, echando maldiciones llegó al fin una parvada y se robó los cajones.

Pues llegaron los malditos nomás de golpe y porrazo, echando pedradas, gritos y hasta uno que otro balazo.

Y de esos modos tan tristes se acabaló la función. La verdad, para esos chistes mejor que no haya elección.

Aunque al parecer, ahora esta infame historia pareciera no tendrá como siempre un infeliz final. El que la sociedad haya despertado, el que haya salido a marchar en la forma y en la cantidad que lo hizo el pasado martes, hecho sin antecedentes en la historia no sólo de nuestra ciudad, sino de nuestro estado, hace que la esperanza brote como yerba en el desierto político de nuestro Coahuila amado y lleno de vergüenza.

El que ahora se vaya a contar con un Congreso verdaderamente de oposición convertido en contrapeso de quien sea al final el Gobernador del Estado, no deja de ilusionarnos con la posibilidad de ya no más vida política del estado se encuentre sujeta a los caprichos del Ejecutivo en turno, como hasta ahora había venido sucediendo. Y sí, ojalá y al final del proceso judicial tengamos los coahuilenses una nueva oportunidad de elegir y la oposición salgamos como uno solo a ponerle cara a esa relación enfermiza que nuestro estado tiene con la política similar a las de amor-odio-violencia, que tanto han criticado hasta la propia dirigente del partido actualmente en el poder. Ojalá y de anularse la elección hagamos lo contrario al ahora cuento de Augusto Monterroso: ojalá y cuando despertemos, hayamos aniquilado al dinosaurio.

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