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05 Julio 2018 04:00:00
Democracia de género
Por Alfonso Yáñez Arreola

Enseñar a pensar y razonar es tarea fundamental de la universidad contemporánea.

Promover la defensa de los derechos humanos no es posible sin reconocer la enorme brecha social que aún en pleno siglo 21 seguimos arrastrando en materia de igualdad entre mujeres y hombres.

En días pasados, en la Unidad Saltillo de la Universidad Autónoma de Coahuila, recibimos la visita del Dr. Rafael Aguilera Portales, profesor Investigador en la UANL, para participar en el foro Igualdad, Masculinidad y Empoderamiento de las Mujeres. Al respecto comparto temas cruciales expuestos por dicho especialista, enriquecidos con las opiniones de directores y enlaces de nuestra máxima casa de estudios.

Partimos de que tradicionalmente la violencia hacia las mujeres estaba circunscrita al ámbito privado. Hoy se considera un problema de orden público, social o político, cuya solución compete a la sociedad en su conjunto.

En todos los ordenamientos jurídicos constitucionales de las distintas entidades federativas, el criterio de igualdad es guía ética, política, económica, social y legal. La igualdad es un valor axiológico que inspira la implementación de los estados democráticos y sociales de derecho. La igualdad es una aspiración, un anhelo y un impulso en la historia de la humanidad.

La contemporaneidad política y jurídica es el momento histórico decisivo donde este valor ha adquirido mayor relevancia. La aspiración a la igualdad ha sido una constante en la colectividad y es tan antigua como su anulación, restricción o vulneración.

En cada época la sociedad ha definido la igualdad conforme a las circunstancias del momento. De esta forma, concebir la igualdad ha respondido al horizonte de expectativas de cada contexto histórico con estrategias retóricas, argumentativas y doctrinales particulares, por lo que en la actualidad abordar este planteamiento filosófico exige de una perspectiva más abierta que busque ampliar el horizonte de sentido y significación.

De frente a las presiones sociales, masculinidad, feminidad y empoderamiento de las mujeres son construcciones sociales y ocupan una redefinición de roles tradicionales para consolidar la democracia de género. La ruta académica institucional desde el nivel preescolar hasta el superior así como la educación integral afianzan el concepto de estos roles y expectativas de género.

La aspiración de que mujeres y hombres puedan convivir en igualdad de derechos fue difícil de aceptar y la aceptación no fue por cesión o voluntad de los hombres, sino por una larga lucha de mujeres tenaces dedicadas a superar el patriarcado. Por fortuna, sinfín de mujeres han trascendido los paradigmas machistas y conquistado los espacios que tradicionalmente habían sido exclusivamente dominados por el hombre.

Las nuevas políticas de masculinidad deben promover la sensibilización, la educación y formación para combatir la violencia a fin de integrar grupos de autoayuda con expertos que otorguen un nuevo contexto a los elementos de la masculinidad dirigidos a empoderar a las mujeres y transitar a la auténtica democracia de género.

Atender al sector masculino que presenta conductas violentas con fines reeducativos permite identificar los patrones agresivos y promover actitudes liberadoras a fin de impulsar la convivencia en un entorno de equilibrio y armonía.

El compromiso de los hombres con el cambio en el ámbito público es generar una corriente crítica a favor de la igualdad sustantiva; defender estrategias de conciliación, renunciar a los espacios de poder exclusivos para los varones y otorgar los justos reconocimientos que merecen las mujeres en todos los ámbitos: familiar, educativo, laboral o colectivo.

Para la universidad pública es fundamental encauzar a las nuevas generaciones sobre el significado moderno de ser varón como actor central en la aniquilación de la brecha discriminatoria, para cimentar el desarrollo del estado de derecho, democrático y de justicia en equidad.

Construir desde la academia la igualdad de género implica también heredar estabilidad a futuras generaciones de universitarios y ofrecerles oportunidad de ser promotores del desarrollo social pleno, como lo pronunciara Aristóteles hace casi dos mil cuatrocientos años: “El único Estado estable es aquél en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”.
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