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20 Octubre 2018 04:12:00
Democracia sindical, sin Morones ni Velázquez
Por: Arturo Rodríguez García

En mayo pasado se cumplió un siglo desde que fue creada, durante una asamblea en Saltillo, Coahuila, la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), pionera en alcance nacional, precursora del corporativismo que más tarde constituiría un factor fundamental de la hegemonía priísta, antecedente excepto por contadísimos casos, del exceso y el lujo de los dirigentes sindicales del país.

La idea no es original. Me la dijo Enrique Krauze durante una entrevista a propósito de la reedición de los rituales del antiguo régimen que en 2013 tuvo su expresión más contundente en el regreso del manotazo autoritario que solían dar los presidentes. Con Enrique Peña Nieto estrenando investidura, se actualizó el manotazo en el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo, la dirigente magisterial.

Los dirigentes sindicales se parecían más a Luis N. Morones que a Fidel Velázquez, decía aquella ocasión Krauze. Tenía razón. El cacicazgo de Morones era de comilonas, mansiones, joyas y vehículos de lujo. Velázquez, encargado del control político de la clase obrera y hombre del sistema, vivió una condición más austera, digamos, en el parámetro de lo que en los últimos años hemos visto con dirigentes sindicales como los mencionados Gordillo y Romero Deschamps, a los que podemos añadir al ferrocarrilero Víctor Flores, que suele aparecer con jóvenes voluptuosas en cada oportunidad; al más discreto, pero también excéntrico electricista, Martín Esparza, y al pseudodemócrata de la llamada “cuarta transformación”, Napoleón Gómez Urrutia, inexplicable su ostentación en el exilio canadiense.

Elcaso de Gordillo era notable, aun más que el del petrolero Romero Deschamps, pero, sin duda, los dos son emblemas del cacicazgo gremial. En noviembre de 2012 pretendieron enseñar el músculo al reelegirse y posar para la foto semanas antes de que se anunciaran las reformas estructurales que afectarían a sus representados con el nuevo gobierno.

Pero a diferencia de Gordillo, Romero Deschamps se subordinó hasta convertirse en uno de los principales defensores de la reforma energética, y por lo tanto, en cómplice del desastre laboral que padecen los territorios petroleros, particularmente en Campeche, Tabasco y Veracruz.

Con Gordillo redimida hoy por López Obrador –exonerada en parte, libre y poderosa– igual que Gómez Urrutia, la observación recayó en días pasados sobre Romero Deschamps, elegido desde 2017 para el período 2019-2024 pero necesitado de conservar la base seccional que soporta sus casi 3 décadas de deterioro, desprestigio y perniciosa actuación.

Prácticas anquilosadas, la fórmula infalible de realizar votaciones a mano alzada –que posibilita la represión sobre el disidente– se encontró con un primer paso, minúsculo pero relevante, esta semana, cuando las diferentes disidencias en las secciones petroleras hicieron el ruido suficiente para ser tomados en cuenta por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador que anunció reformas legales para el avance democrático en el sindicalismo.
Romero Deschamps, a final de cuentas, obtuvo los resultados que deseaba pero debió hacerlo mediante una simulación –por lo pronto—de voto secreto. Insuficiente, pero prometedor.

Hay mucho por avanzar en la construcción de un sindicalismo democrático que privilegie el interés de ellos trabajadores por encima de los intereses económicos o políticos de los dirigentes. Eso implica cumplir la oferta de legislación y un deslinde del presidente electo respecto de los caciques gremiales con lo han acompañado, porque sin esas bases mínimas, será imposible una real transición.

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