×
Federico Muller
Federico Muller
ver +

" Comentar Imprimir
05 Octubre 2018 04:00:00
Democracia y economía
Hablar de democracia, como modo o forma de elegir gobernantes para ocupar puestos en la administración pública, es un asunto controversial que abre espacios para que la población exprese diferentes puntos de vista sobre los gobiernos que han emanado de ella y de aquellos de procedencia autoritaria. Las opiniones se dividen dando lugar a disensos que no unifican criterios, particularmente en países con democracias recientes.

No obstante, en América Latina la ciudadanía ha mostrado cierta desilusión por los regímenes democráticos: el interés ha venido decreciendo en los últimos años, al menos es lo que reflejan los indicadores que publica Latinobarómetro, que opera bajo los auspicios de una ONG sin fines de lucro cuya sede se localiza en Santiago de Chile. Uno de sus objetivos es registrar las percepciones de la población de 18 países del subcontinente sobre política y economía. Por supuesto, este instrumento toma el parecer de un grupo de habitantes de cada nación, representados en una muestra estadística, a los cuales se les invita a participar en una entrevista independiente del Gobierno y que no tiene vínculos con partidos políticos.

En 2017, Latinobarómetro aplicó 20 mil 200 entrevistas cara a cara a la ciudadanía afincada en 18 países, entre el 22 de junio y el 28 de agosto de ese año. El promedio de la población entrevistada osciló entre mil y mil 200 personas por país. Los resultados obtenidos por este “observador ciudadano” no son nada halagüeños para la consolidación de la democracia en Latinoamérica, pues el desencanto se evidencia y se expresa de varias maneras. En 2016, sólo 34% de la población estuvo de acuerdo o satisfecho con esa forma de gobierno, y para 2017 la cifra disminuyó a 30 por ciento. Y si el referente de comparación se amplía, en 2010 los indicadores alcanzados superaban por varios puntos esos números más recientes. Cabe señalar también que 75% de los ciudadanos considera que los gobiernos no defienden los intereses de la mayoría, por lo general responden a beneficios que recibieron durante sus campañas políticas o son influenciados en sus decisiones por grupos con poder económico o político, por ello desconfían de ellos y no aprueban su gestión.

Se pueden aventurar algunas hipótesis sobre las causas del descontento social. La primera tiene que ver con los adelantos tecnológicos, que han permitido que la sociedad esté más informada y tenga acceso a fuentes de información que dan seguimiento al uso de los recursos públicos. Los ciudadanos son cada día más demandantes con sus gobernantes y las expectativas que se formaron de las democracias no han correspondido con la realidad que están viviendo. Otra podría ser la escasez de cuadros idóneos para gobernar, que se ha presentado durante las dos últimas décadas. La mayoría de los candidatos que han llegado al poder, por la vía del sufragio, no ha sobresalido por tener las suficientes habilidades políticas y adiestramiento técnico que el puesto exige. Además han caído en prácticas poco transparentes que no satisfacen las demandas ciudadanas.

Es común observar en países como Chile y Brasil que expresidentes contiendan nuevamente para ocupar la presidencia, lo que indica el agotamiento que tienen los institutos políticos en la nominación de cuadros con nuevas ideas que oxigenen la vida política. Infortunadamente no hay universidades que formen políticos y que garanticen, mediante la expedición de un título, su buen desempeño profesional. Por las cifras publicadas por entes internacionales (BM, FMI, ONU, OCDE), después de 1990 la economía de la región ha crecido los índices de pobreza han disminuido, incorporándose a la clase media más familias. Tal parece que la trayectoria de la democracia en América Latina se mueve en una dirección contraria a la economía de la región. Esa disociación deriva en varias líneas de investigación que van más allá del análisis económico y de las teorías de política pública.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2