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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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21 Diciembre 2018 04:04:00
Depresión coahuilense
A pocos días de celebrar las fiestas decembrinas, nuestra entidad ha sido cimbrada por dos terribles eventos: los asesinatos arteros de dos personajes de la política local a manos de personas comunes, que con motivo de perder los estribos en discusiones fútiles, se convirtieron en asesinos casi involuntarios, y es que en ambos casos los homicidas en nada remediaron sus conflictos y por el contrario, perturbaron su existencia en tal extremo que uno de ellos prefirió quitarse la vida antes de enfrentar las consecuencias de su acción a todas luces impensada.

Acciones como estas nos llevan a pensar que el camino que nuestra sociedad está tomando no es precisamente el adecuado, y es que además de estos dos asesinatos, la Fiscalía General del Estado, ha reconocido con sus últimas declaraciones que Coahuila crece de manera exponencial en el número de suicidios.

Es decir, que la población coahuilense es quien más está sufriendo de depresión severa a nivel nacional.

Por desgracia, y desde el año 2016, el récord de suicidios en el estado sobrepasaba la media nacional y de ahí a la fecha ha venido incrementándose año tras año. Hasta hace pocos días, el número de suicidios registrados en Coahuila sumaban más de 239, contra los 214 que hubo en todo el año 2017.

Estos números hacen que nuestro estado se sitúe arriba de entidades con poblaciones mucho más altas como lo son la Ciudad de México y el estado de Nuevo León, lo que nos debe llevar a concluir que existe en los coahuilenses algún factor extraordinario que nos pone en situación de vulnerabilidad frente a este fenómeno tan lacerante.

Debo reconocer, que según cifras de la Organización Mundial de Salud (OMS), los trastornos mentales comunes están en aumento en todo el mundo y que en México, estos padecimientos ocupan el cuarto lugar en la lista de enfermedades públicas comunes.

Es decir, que la depresión es una de las enfermedades más frecuentes y que se ha posicionado como la primera causa de suicidio y la cuarta de discapacidad laboral.

Estas cifras son mucho más preocupantes, si consideramos que esta enfermedad se ha convertido ya, en la primera causa de deterioro en la calidad de vida en mujeres y la novena causa en los hombres.

Sin embargo, no debemos perder de vista que, en Coahuila las cifras de diagnóstico de depresión han alcanzado a cerca del 10% de la población, y los trastornos mentales representan un 30% de la carga de enfermedades no mortales de los coahuilenses, cifras que siguen en aumento, según el número de casos de suicidios en la localidad.

Lo que nos lleva a concluir que ha sido la desatención de los gobiernos anteriores la causa de este incremento.

Es evidente que las políticas públicas en materia de salud mental, implementadas en nuestro estado desde el 2016, no han sido eficaces y en nada han atenuado este flagelo social, por lo que urge que el actual Gobierno diseñe y aplique a la brevedad una verdadera estrategia integral que involucre a todas las instituciones que componen a este gobierno, a fin de contrarrestar a toda costa el número de casos.

Es decir, no hay duda de que la salud mental pública debe ser el principal reto que deberá enfrentar este Gobierno estatal, incluso sobre cualquier otro, ya que de nada servirá tener un estado próspero, con una población enferma.
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