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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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14 Marzo 2018 04:00:00
Derogar la reforma
Los niños de Oaxaca están sin clases. No es novedad. La sociedad oaxaqueña ha tenido que acostumbrarse a que las escuelas públicas nunca completen el ciclo lectivo. Los maestros tienen obligación de dejar las aulas para participar en marchas y plantones; si no lo hacen, son sancionados por el sindicato, que ha tenido el control de la educación pública en Oaxaca durante décadas.

En 2017 hubo una calma chicha. Los líderes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) parecían haber sido derrotados por el Estado, el cual había logrado promulgar la reforma educativa y empezar a aplicarla a pesar de la resistencia. El Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) destituyó a los funcionarios que en lugar de trabajar para la institución lo hacían para la CNTE.

Los maestros que recibían sueldos magisteriales, pero hacían labor política para el sindicato en lugar de dar clases fueron obligados a escoger entre un trabajo o el otro. Se aplicaron evaluaciones a los maestros en funciones y se establecieron exámenes de oposición para las nuevas plazas. El IEEPO dejó de contratar de manera automática a graduados de las escuelas normales controladas por la CNTE.

El triunfo de Alejandro Murat del PRI en las elecciones estatales en Oaxaca en 2016, después del Gobierno de Gabino Cué del PRD y del PAN, que nunca se atrevió a enfrentar el sindicato, fue también un golpe para la CNTE. La población oaxaqueña mostraba su exasperación con la Coordinadora.

Desde este lunes 12 de marzo, sin embargo, la sección 22 de la CNTE ha vuelto a su estrategia tradicional de presión al Gobierno de Oaxaca y la Secretaría de Educación Pública federal. Ha suspendido clases durante 3 días. Ha organizado marchas y bloqueos de edificios públicos y comercios privados. Exige que se establezca una nueva “mesa de trabajo”, como las que ha tenido en el pasado, para discutir la contratación automática de normalistas y la suspensión de la evaluación de maestros. Estrictamente hablando, la CNTE está usando su fuerza para exigir a las autoridades locales y federales que violen la Constitución y la ley educativa.

¿De dónde surgió este renovado vigor de la CNTE? No se necesita ser un genio para entenderlo. Andrés Manuel López Obrador está en primer lugar en las encuestas en la carrera presidencial (que ahora sí no están “cuchareadas”) y ha prometido que va a cancelar “la mal llamada reforma educativa”.

“No se va a seguir humillando al magisterio nacional –dijo López Obrador en Tabasco, en diciembre de 2017. Se va a respetar a nuestras maestras y nuestros maestros, que es por ellos que sabemos mucho o sabemos poco. No seguirá funcionando ese mecanismo de coerción, de imposición. No se hará nada sin la consulta a maestros y padres de familia”.

No sorprende que la CNTE se sienta envalentonada. Tampoco que la maestra Elba Esther Gordillo, la exdirigente del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), esté dando su respaldo a la candidatura de López Obrador a través de sus operadores, el yerno Fernando González Sánchez, ex subsecretario de educación, y el nieto René Fujiwara, exdiputado federal con Nueva Alianza.

López Obrador está logrando el milagro de unir a Elba Esther y a la CNTE en una misma causa. Quizá sea inevitable. Las dos se oponen a la reforma educativa, que ven como una amenaza a su poder, y el tabasqueño ha prometido que echará para atrás esta que quizá sea la más importante de las reformas de Peña Nieto.

MALA SEÑAL

La abrupta destitución de Rex Tillerson como secretario de estado de la Unión Americana, poco después del despido del asesor económico Gary Cohn, ratifica que Donald Trump es incapaz de escuchar posiciones contrarias a lo que piensa. Mala señal para lo que falta de su Gobierno.
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