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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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11 Abril 2019 03:45:00
Deslucido epílogo
Los cuidadosos preparativos para recordar el centenario del asesinato de Emiliano Zapata, que se cumplió precisamente ayer, tuvieron un desafortunado final. La negativa de los descendientes del Caudillo del Sur de acompañar al presidente Andrés Manuel López Obrador en el acto a celebrarse en la exhacienda Chinameca, lugar de la muerte del revolucionario, no solo obligó a cambiar la sede de la ceremonia a Cuernavaca, también fue un duro golpe ideológico a la Cuarta Transformación.

La 4T y el propio López Obrador eligieron al Caudillo del Sur como uno de sus santones y guías morales. La decisión de los familiares de Zapata agrava su significado por las razones expuestas para no acompañarlo, acusándolo de no haber cumplido su palabra empeñada en campaña. “No tenemos por qué rendir pleitesía a una persona que no cumple lo que dice… ¿Qué credibilidad puede tener para nosotros?”, sentenció con dureza Jorge Zapata, nieto del general.

La promesa era no permitir la construcción de la planta termoeléctrica de Huexca, Morelos, proyecto rechazado vigorosamente por el Frente de Pueblos en Defensa del Agua, Tierra y el Aire de Morelos, Puebla y Tlaxcala.

Jorge Zapata y sus parientes optaron por reunirse en el cementerio de Cuautla, donde se encuentra el sepulcro del revolucionario.

No cabe duda que el Gobierno federal planeaba una conmemoración por todo lo alto. A fin de dar realce a las celebraciones, el Congreso de la Unión declaró este 2019 Año de Emiliano Zapata, cuya efigie y la leyenda alusiva aparecen obligatoriamente en toda la papelería oficial.

Además, las autoridades se ocuparon de organizar numerosos actos alusivos. Hubo un sinnúmero de coloquios, el último de ellos realizado en tres sedes distintas del estado de Morelos, con la participación de una veintena de historiadores.

Felipe Ávila, el zapatólogo mexicano más sabio y reconocido, autor de una Breve Historia del Zapatismo, acaba de publicar oportunamente un nuevo libro, Zapata, la Lucha por la Tierra, Justicia y Libertad”, (Editorial Criterios, 2019), así como media docena de artículos sobre el tema en las revistas más prestigiosas del país: Letras Libres, Nexos, Proceso y Relatos e Historias en México.

También la Universidad Nacional Autónoma de México se unió a la conmemoración. Su canal de televisión produjo y difundió un programa documental titulado Zapata, el Hombre y el Revolucionario”.

No faltó, desafortunadamente, el manoseo político, que en ciertos casos llegó a retorcidas y convenencieras interpretaciones de la historia, a fin de alinear a Emiliano con la Cuarta Transformación. Uno de los participantes del programa de televisión Primer Plano, de cuyo nombre no quiero acordarme, simplificó la Revolución Mexicana, palabras más o palabras menos, en una frase: “La revolución del norte –Madero, Carranza y los sonorenses– fue la revolución neoliberal. La del sur, junto con la de Villa, fue una revolución popular”. Sólo le faltó calificar a los revolucionarios norteños de conservadores, y a Villa y Zapata como auténticos proto chairos.

Al margen de las reprobables manipulaciones político-partidistas de la efeméride, es una lástima que lo que debió haber sido la cereza en el pastel de las conmemoraciones se haya frustrado por el rechazo público y tajante de los descendientes de Zapata de reunirse con el Presidente. Malos signos de desunión.

Letras sueltas

Y ahora ni modo que AMLO acuse de fifís a los nietos de Zapata.
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