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10 Mayo 2018 04:07:00
Desmadrados
Le dice la hija a su madre:

–Mamá, para que no me armes drama después, de una vez te aviso que estoy saliendo con Julián, el vecino.

–Pero, hija, ¡podría ser tu padre!

–¡Ay, mamá! ¿En qué mundo vives? La diferencia de edad entre las parejas ya no importa.

–No me estás entendiendo...

¡Ay, las madres! Por muchas razones odio el 10 de mayo, pero eso no impide que le mande un saludo a toda madre que lee esta columna dos veces por semana. Y, claro, también mando otro saludo a todos aquellos políticos que no tienen naaada qué celebrar el Día de las Madres. ¿A poco no resulta evidente que la mayor parte de la clase política nunca tuvo madre? Si ellos hubieran tenido madre, hoy seguramente tendríamos un país mejor.

Con una madre que velara por él y le dijera “ponte el suéter que tengo frío”, seguramente Andrés Manuel López Obrador habría entendido que a veces conviene escuchar consejos, porque no siempre tiene uno la razón... aunque no tenga frío. En cambio, si a Ricardo Anaya su madre le hubiera dicho “¿Quién crees que lava la ropa?”, el panista no andaría lavando dinero de la forma en que lo hizo. Y en el caso de José Antonio Meade, una buena madre le habría ayudado a levantar su campaña si de niño le hubiera llamado la atención diciéndole: “Mira nada más qué tiradero; ni creas que yo lo voy a levantar”.

Pienso también en el caso de Enrique Peña Nieto: un “¡ni se te ocurra!” que le hubiera puesto su madre en su tierna infancia, seguramente nos habría ahorrado muchos de sus colosales errores. Claro que nada se compara con lo que, muy probablemente le habría dicho su madre, si la hubiera tenido, a Javier Duarte: “Ay, pero por qué Dios me mandó este hijo”.

Si hoy Jaime “El Bronco” Rodríguez pretende cortarle la mano a los corruptos, es porque no tuvo una madre que le diera un buen manazo cuando se portaba mal y le dijera, como nos decían a todos los que sí teníamos madre: “Esto me va a doler más a mí que a ti, pero cuando seas grande me lo agradecerás”.

Imagínate cuántos dramas de Gerardo Fernández Noroña nos habríamos ahorrado si, de niño, una madre le hubiera advertido: “Síguele y te voy a dar para que llores con provecho”. O en el caso del escritor Paco Ignacio Taibo II que anda queriendo fusilar a los corruptos o expropiar empresas, todo eso se podría haber evitado con una madre que lo corrigiera a tiempo diciendo: “¿Me estás avisando o me estás pidiendo permiso?”.

En fin, un abrazo a las madres que leen esto, a las madres que no están, a las madres que son a toda madre, a las madres que hoy también trabajaron y, claro, a las madres que hacen de sus hijos personas de bien y no políticos.

¡Cierren las puertas!

Resulta que el Gobierno de Tlaxcala se acaba de aventar una decisión que seguramente será aplaudida por algunos, pero que revela que las autoridades siguen creyendo que los ciudadanos somos bebés que necesitan cuidados especiales.

El gobernador Marco Antonio Mena, por sus purititas pistolas, decidió prohibir la instalación de casino en su estado. ¿El motivo? Que según él, ese tipo de negocios “atraen” a la delincuencia. Si el mandatario priista fuera congruente con lo que dice, entonces tendría que prohibir todas las actividades que atraen a los delincuentes, empezando, claro, ¡con la política! El tal Mena reconoce que la medida puede parecer “conservadora”, pero anda reclamando que se le reconozca el mérito de haberla tomado. Lo que no dice el gobernador es que, hasta ahora, ¡ups!, a ningún casino le ha interesado instalarse en Tlaxcala. Es como cuando tu novia te corta y tú, muy digno, le adviertes: “¡Y no me vuelvas a llamar, eh!”.

¡Nos vemos el martes!
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