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Katia D'Artigues
Katia D'Artigues
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13 Noviembre 2016 04:00:00
¿Desorden mundial?
En la triste (pero muy reveladora) noche del martes, mientras el mundo seguía con descrédito y sorpresa el minuto a minuto de las elecciones en Estados Unidos, que cambiarán el orden mundial, un mensaje llegó a mi WhatsApp a las 21:10 horas.

—Amiga constituyente: ¿Ya te enteraste del zafarrancho en la mesa de consulta hace unos minutos? —decía.

Arranqué mi vista de la pantalla de “The New York Times”, cuyo “velocímetro” electoral me tenía obsesionada. Esa aguja, bajo el título de “Pronóstico en Vivo de la Presidencia”, y que en la mañana aseguraba que Hillary Clinton tenía 85% por ciento de probabilidades de ganar la presidencia, ahora había cambiado a una cantidad similar y creciente, pero a favor de
Donald Trump.

Contesté al chat que no sabía qué había pasado. Como respuesta recibí un video de 34 segundos en el que se veía a Jaime Cárdenas Gracia, culto y amable constituyente de Morena, enojado y gritando.

Cárdenas, de pie ante la puerta del salón Luis Donaldo Colosio, en Xicoténcatl, acusaba a alguien de falta de valor. Junto a él, Andrés Millán, de Encuentro Social, extendía los brazos como en una contención preventiva junto con otra persona más. Ese tipo de acercamiento típico de cuando los gritos están a punto de pasar a los golpes. “Tranquilo”, alguien decía.

Cárdenas, con la voz en alto decía antes de salir: “Están defendiendo intereses gremiales. De un Tribunal nauseabundo, lleno de corrupción. Me privó de la palabra, diputada”.

Y se fue. Tras llamadas y la sesión del pleno al día siguiente la historia se reconstruye.

En una pasada sesión fue Jaime Cárdenas quien denunció públicamente que podría haber un conflicto de interés en el hecho de que Manuel Díaz Infante, nombrado por Enrique Peña Nieto, por su calidad de magistrado con licencia, fuera también el presidente de la Comisión de Justicia de la Asamblea Constituyente. Más porque el proyecto de Constitución presentado plantea quitarle fuerza al Tribunal, arrancándole el control del Consejo de la Judicatura en el Artículo 42.

(Para ese artículo, por cierto, las cosas no se ven bien. Quien presentó una iniciativa planteando su eliminación por considerarlo una intromisión inconstitucional entre Poderes fue nada menos que una de las diputadas designadas por Miguel Ángel Mancera: La ministra de la Suprema Corte en retiro, Olga Sánchez Cordero).

Esa noche, en la mesa en donde lideraba la discusión Dolores Padierna, tras escuchar los argumentos de César Camacho, del PRI (sobre que fue algo ya votado por el Pleno y por lo tanto “el momento procesal” había pasado), se votó por pasar a otro tema. Antes Alejandro Bustos, del Verde, había dicho que los argumentos esgrimidos para quitarlo eran “falaces”. Irma Sandoval y Jaime Cárdenas pidieron la palabra. A Sandoval incluso se escucha decir: “Fue aludido como falaz”. Padierna dijo que no era materia de la mesa y siguió con el planteamiento de un asunto de curules.

Pero Jaime Cárdenas recogió sus cosas y se levantó de la mesa, sin aspavientos. Pero casi a la salida, por la espalda, le dio un manotazo a Alejandro Bustos, quien reaccionó levantándose, enojado. Y ahí comenzaron los gritos que ya le describí.

Qué sorpresa que un hombre tan preparado y amable como Jaime Cárdenas haya perdido por un momento el control. Pero quizá lo peor pasó al día siguiente.

En el Pleno. Al día siguiente en el Pleno de la Asamblea Constituyente el tema siguió por casi una hora. Alejandro Encinas hizo un llamado al respeto. Dijo que solo haría ese exhorto, pero le concedió la palabra a Jaime Cárdenas y luego a otros diputados y diputadas constituyentes.

Aunque Cárdenas sí ofreció una disculpa, él y otros constituyentes de Morena, como Patricia Ruiz Anchondo, Bernardo Bátiz o Consuelo Sánchez, pareció que justificaban lo sucedido debido a una falta de transparencia, lo que es muy preocupante. No justificaron el exabrupto, pero sí llamaron exagerada a la reacción.

Es preocupante que se piense que falta transparencia, pero también que no se confíe plenamente en el diálogo como manera para resolver aún
profundas diferencias.

Hubo reclamos: que si Morena está siendo acusado de “rijoso” de manera injustificada y se dice que no quieren que haya Constitución. Consuelo Sánchez dijo, incluso, que también la presencia de designados era violento y que la presencia de Morena molestaba a los demás partidos porque no dejaban que hubiera “pactos” en lo oscurito.

Está la transcripción de la sesión, para qué repetir lo dicho. Sí citaré algo de lo dicho por el último diputado que habló —Enrique Provencio— porque creo que es parte de la solución. Solo un buen ambiente permitirá que logremos tener una Constitución. Recuerde que no hemos ni empezado a discutir contenidos en el Pleno.

“Estamos a punto de escalar un hecho aislado y general a una espiral de nuevas tensiones. Hay que evitar y prevenir circunstancias que puedan alterar el ya de por sí accidentado ritmo de actividades de esta Asamblea. No podemos personalizar en lugar de discutir ideas parlamentarias.

“Los conflictos generan ciclos que es muy difícil revertir. Para evitar que las diferencias justamente se transformen en un clima irreversible de tensiones, creo que necesitamos recordar y poner por delante lo que acaba de decir el maestro Bátiz: Venimos a aprobar una Constitución, y todos queremos que sea una buena Constitución”.

Hasta constituyentes de Morena lo felicitaron por lo dicho cuando pasaban junto a él. “¿Nos habremos contagiado de Trump?”, me dijo al
regresar.

Minutos después llegó a su curul Cecilia Soto, quien le enseñó un libro del que habían estado hablando. Escrito por Adam Shane, plantea la experiencia del autor para resolver diálogos con muchos retos, como cuando en 1991 trabajó en la Sudáfrica dividida tras el Apartheid. Traduzco el título: Resolviendo problemas difíciles: Una manera abierta de hablar, escuchar y crear nuevas realidades. La portada tenía incluso una cita elogiosa de Nelson Mandela.

No estaría mal que todos lo leyéramos no solo en la Asamblea, sino en el mundo hoy. En parte habla del silencio necesario para escuchar al otro. Algo de lo que también habla Javier Sicilia por estos días con su novela autobiográfica El deshabitado. 

¿Y todo lo demás? Estamos casi a la mitad del tiempo programado por la Asamblea para terminar de discutir la Constitución. Encinas dio las cifras finales: 553 iniciativas de constituyentes, 853 propuestas de ciudadanos. En total, mil 406 textos a procesar de cambios al proyecto. Hasta ahora se mantienen los plazos: El 30 de noviembre deberán estar ya los dictámenes para, en diciembre y enero, discutir en el pleno artículo por artículo. Vamos retrasados y tampoco ayuda que, por tanta iniciativa, hay comisiones que no han recibido todos los documentos a procesar. Por estos días es común pedir que todo sea reenviado, por favor, en Word; que esté en .pdf lo hace difícil de compartir, cortar y procesar. Apenas el viernes por la tarde mandaron un correo con todas las iniciativas ciudadanas online. Las puede ver aquí por comisión: “http://gaceta.diputados.gob.mx/ACCM/GP/propuesta100.html”. Tanto hay por analizar que las iniciativas no se leen completas. Las justificaciones y argumentos se saltan para pasar directamente a la propuesta de cambio, el famoso cuadro de dice-debe decir. Otro problema grave son las ausencias de constituyentes. La Conferencia de Armonización sí hizo un calendario para que no se empalmaran, pero no lo propuso porque llegó a la conclusión de que lo que más obstaculiza son las faltas. Esta semana Encinas lo denunció pero también dijo que no es “nana” de nadie para hacer que cumplan con su compromiso. En estas 11 sesiones ha habido un promedio de menos de 80 legisladores por sesión y quizá más faltas en las comisiones, donde hay un trabajo constante que no se ve tanto. Esta semana lo vivimos. Había otro acuerdo para votar los órganos administrativos (secretaría parlamentaria, de parlamento abierto, comunicación social) pero no se hizo porque no había el quórum suficiente para aprobarlo; de haberse votado no hubiera pasado. 

Declarativo vs. imperativo. En la Comisión de Principios Generales, esta semana, Eduardo Escobedo del PRI dijo algo que subrayo: Su partido quiere que muchos de los contenidos “declarativos” sean “imperativos”. Supondría cambiar gran parte del proyecto. Con la falta de diputados, el enfrentamiento PRD-Morena, se necesitará al PRI y al PAN. ¿Se quiere que haya Constitución? La realidad hoy parece indicar que habrá que hacerle muchos cambios al proyecto o puede ser que no salga.

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