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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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08 Abril 2011 04:10:58
Despenalización
Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, pasó un fin de semana con cierta amiguita que tenía. Para justificar su ausencia le dijo a su esposa que iba a ir a cazar patos. ¡Qué cazar ni qué cazar! Se encerró en un cuarto de hotel con la obsequiosa chica, y ahí gozaron ambos los cálidos deliquios de la pasión sensual. Ni de comer se acordaban los amantes. Una cosa sí recordó Pitongo al término de aquel tórrido encuentro: Debía justificar ante su esposa que había ido de cacería. Ya de camino a casa llegó a una tienda de las llamadas delicatessen, y preguntó al dueño si tenían patos. “No -respondió el hombre-. Pero tenemos gallinas, cuya carne es a mi juicio de mejor sabor, más tierna y delicada”. “Quizá lo sea -respondió Pitongo-. Pero no puedo llegar a mi casa y decirle a mi mujer que cacé cuatro gallinas”... Estoy comiendo en un restorán de Guanajuato. De repente siento en los hombros dos fuertes manos, y escucho una voz grave. “Me dijeron que aquí estaba el gran Catón”.

Vuelvo la vista, y me encuentro con Vicente Fox. Estoy, en efecto, en su rancho, vecino de la hermosa capital guanajuatense. Invito al ex Presidente a sentarse en nuestra mesa, y él nos habla de su Centro, que al término de la comida nos invita a visitar. Grata experiencia fue esa para mí, pues fui encendido crítico de Fox, y no me gusta dejar reconcomios. Más allá de toda consideración política hay en Fox una bonhomía y una generosidad que todos le reconocemos. Ahora me entero de que en un foro de San Diego el ex mandatario mexicano expresó opiniones que a mi modo de ver son atinadas. “Lo prohibido -dijo- parece generar tentaciones de consumo. Yo creo que las prohibiciones no funcionan. Aquel que en su sano juicio, haciendo ejercicio de su libertad, quiera consumir drogas y suicidarse, es su problema”. Pregunta luego: “¿Por qué le piden al gobierno de México que detenga el flujo de drogas? ¿Por qué no lo detiene aquí el presidente Obama?”. Fox habla de la despenalización del consumo de drogas, y señala que en Portugal, país que tomó ya esa medida, la demanda se redujo en 25 por ciento en 10 años. El mensaje de don Vicente es razonable, y debe ser objeto de consideración... Babalucas fue con un amigo a pescar truchas en el río Beaverhead, de Montana, estado de la Unión Americana por cuyas sendas boscosas, hermosísimas, quien esto escribe caminó en su juventud, mochila al hombro y corazón en alto. (Dicho sea entre paréntesis, el lema oficial de Montana está en español. Es “Oro y Plata”).

Una sola trucha pudieron pescar los campistas; de no haber sido por esa solitaria presa habrían regresado con las manos vacías a Helena, la capital del estado. El amigo hizo algunos cálculos sobre los gastos que originó el viaje, y luego, mohíno y enfadado, le dice a Babalucas: “¿Sabes cuánto nos está costando esa maldita trucha? 4 mil dólares a cada uno”. “¡Caramba carambitas! -exclama Babalucas con azoro-. ¡Qué bueno que no pescamos más!”. (Nota: El pasmarote había llevado a la excursión un libro con las obras de los hermanos Álvarez Quintero; por eso usó esa interjección)... El padre Arsilio fue al Colegio de las Madres de la Reverberación a hacer la entrega anual de diplomas escolares. Subió a recibir el suyo una alumna mal encarada, de aspecto hosco. Le dijo, sonriente, el padre Arsilio: “Con profunda satisfacción te entrego este diploma, buena niña”. Sin tomarlo replicó la muchachilla: “¡Tizne usté a su madre!”. El manso sacerdote pensó que no había oído bien, de modo que repitió: “Con profunda satisfacción te entrego este diploma, buena niña”. En voz más alta, para que se oyera bien, volvió a decir la pedorrienta huerca: “¡Tizne usté a su madre!”. Lleno de confusión el padre Arsilio dirigió una mirada de angustia a la madre superiora y le preguntó, aturrullado: “¿Qué hago, reverenda madre?”. Respondió la dulce monjita sin dudar: “No le dé el diploma. Que vaya ella a tiznar a su madre”... FIN.
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