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Ricardo Alemán
Ricardo Alemán
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01 Marzo 2017 04:00:00
¡Despertó y ya lo amaba!
Son muchos –la mayoría políticos oportunistas y ambiciosos sin freno– que dan por hecho que Andrés Manuel López Obrador será el Presidente de México a partir del 1 de diciembre de 2018.

Por eso cada vez son más los que se suman a una grosera “cargada” que no es más que retrato en sepia de los peores tiempos del PRI; tiempos de la indignidad, de la sumisión y la lealtad a toda prueba, con tal de ganar un huesito.

¿Recuerdan la denigrante “bufalada” del PRI que tanto cuestionaban la izquierda y la derecha de los años 60 del siglo pasado? ¿Recuerdan a Heberto Castillo, a Campa, Arnoldo, al “Búho” Valle y a otros que en la tribuna de la Cámara de Diputados se carcajeaban de los trapecistas del PRI?

Pues esa “cargada” hoy la prohíja el dueño de Morena. Sin embargo, el problema no está en López Obrador y en su campaña engañabobos; tampoco en su candidatura ilegal y mucho menos en sus aspiraciones adelantadas. En realidad, Andrés hace lo que debe, en tanto ambicioso de poder sin límite.

No, el problema real está en los políticos bobos y en las ambiciones idiotas de aquellos que, sin el menor sentido común, sin pudor alguno y sin vergüenza, juegan el deshonroso juego del trapecismo político.

Dicho de otro modo, para cumplir la premisa de una “candidatura engañabobos” deben existir, como premisa fundamental, dos partes; el candidato y los idiotas que le creen.

Y vale el tema por la más reciente y vergonzosa compra del establo “obradorista”, que incluyó en sus filas al senador y líder de la bancada del PRD en el Senado, Miguel  Barbosa, quien el pasado lunes anunció “la buena nueva de la iluminación divina”.

Es decir, Barbosa se acostó siendo un convencido y severo crítico de López Obrador y amaneció convertido en amoroso seguidor de AMLO. Una mala noche que hizo olvidar principios, convicciones, historia y congruencia.

¿Qué ocurrió?

Nada, que una revelación nocturna iluminó el cuerpo, la mente y los sentidos del duro crítico de AMLO, quien, de golpe y porrazo, olvidó lealtad, principios, dignidad y hasta la vergüenza. Y entonces tragó sapos y serpientes que lo hicieron vomitar loas al mesías por venir. Como Gregorio, el de Kafka, Barbosa despertó y la estomatología lo hacía hablar otro idioma, el idioma de la sumisión por hambre. 

Y es que la mañana que siguió a la “iluminación divina” el senador Barbosa pregonaba bondades y bendiciones de su nuevo guía. López Obrador ya no era un político tóxico, sino que hoy es el mesías que salvará al mundo, al que Barbosa prometió y prodigó renovados votos de lealtad, en ese tono santurrón del conservadorismo poblano.

¿Cómo explicar esa mesiánica transformación?

En el fondo –y más allá de los fenómenos sobrenaturales que hicieron el milagro de la conversión en Barbosa–, no hay otra explicación que las vulgares tentaciones carnales; la terrenal ambición sin límite. Y es que AMLO recorre el país pregonando la tierra prometida; prometiendo puestos y posiciones en un Gobierno imaginario, pero cuya tentación dobla hasta al más pintado.

Pero también es cierto que no se requería mucho para convencer al jefe de los senadores del PRD. ¿Por qué?

Porque Barbosa es epítome del oportunismo, la traición y el agandalle. En su breve y meteórica carrera política, no ha conocido lealtad ni ideología distintas a su personalísimo interés. Su religión poblana –como dice el clásico– “es la indecencia” política. “Metro a metro conoce las calles” de la deslealtad y “el oro” es la “lámpara sin luz” de su trayectoria.

¿Por qué deja Barbosa el PRD y abraza a Morena? ¿Por qué le prende incienso a López Obrador?

Por la misma razón que traicionó a “Los Chuchos”, por la misma razón que traicionó a Mancera; porque Barbosa vive el doloroso cambio de piel –el desempleo político sexenal–, y porque el zurrón amarillo no le da para vivir a futuro. Cambia de piel y busca nuevas fuentes de alimento para vivir de la política; busca el oasis de los vividores de la política, busca a Morena.

Barbosa se desesperó, se asustó, se apanicó. Y de aquel político medianamente sensato que veía y entendía algunas realidades de la política, hoy apareció como rata de naufragio; presto a saltar sobre la primera tabla de salvación, aunque esa tabla sea el reverso de todos lo que pregona en su breve carrera política.

¿Qué va a decir ahora Miguel Barbosa a todos aquellos a los que trataba de convencer de que AMLO era un peligro para México.

¿Hoy Barbosa también es un peligro para México?

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