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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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11 Junio 2016 04:00:07
¿Después de la suciedad viene la calma?
Tres palabras resumen, casi una semana después, lo que ocurrió en las elecciones estatales del 5 de junio en 14 estados y sus respectivas campañas: suciedad, incertidumbre y sorpresa.

La suciedad fue más que evidente y nos dejó, a electores y actores políticos, la sensación de que, en la necesaria transparencia y denuncia a que se deben someter los candidatos en campaña, hubo excesos que rebasaron toda lógica de competencia democrática civilizada al abusar de denuncias y filtraciones anónimas en redes sociales que pierden consistencia y rayan en calumnia y difamación sin elementos probatorios.

La incertidumbre todos la vivimos cuando, semanas antes de los comicios y la misma noche de las votaciones, las cerradas contiendas, combinadas con la excesiva lentitud con que fluyeron los resultados oficiales, los errores de las encuestas y la actitud temeraria e irresponsable de los partidos y sus candidatos, generaron una dinámica de confusión y caos en donde todos se proclamaban ganadores.

Y finalmente la sorpresa cuando, después de la medianoche –y en algunos casos antes con los conteos rápidos oficiales y particulares– tomó forma la debacle histórica del PRI, que perdía bastiones importantes por primera vez a manos de un PAN ganador, un PRD que se oxigenaba con las alianzas, y una fuerza emergente, Morena, que si bien no lograba ganar gubernaturas confirmaba su tendencia creciente.

Hoy los análisis, comentarios y las tan gustadas “lecturas” en el mundo político, han repasado hasta el cansancio las causas y factores que contribuyeron a esos resultados: que si fue “un voto de castigo” contra la corrupción y la indolencia del gobierno de Peña Nieto que ve “mal humor social” donde hay niveles de auténtico enojo; que si fueron los gobernadores del PRI, corruptos e incapaces que desataron la ira de sus gobernados que salieron masivamente a votar en su contra; que si fue la inseguridad y la violencia en algunas regiones lo que provocó el rechazo de los votantes; que si fueron las alianzas PAN-PRD que funcionaron contra el PRI; que si fue el aviso de lo que viene en el 2018 ante la decepción peñista; o que si en medio de la irritación y desencanto, los electores prefirieron la opción conservadora y conocida del panismo a la propuesta radical de López Obrador y su Morena, que ya no tienen el monopolio de la inconformidad. En fin, tantas interpretaciones y respuestas como se quiera ver.

Lo que es un hecho es que, pasados los comicios y en espera de la etapa de impugnaciones y recursos legales a los que tienen derecho los partidos (que en algunos casos sólo dan “patadas de ahogado”, aunque en otros si vuelcan auténticos ejércitos de abogados en busca de modificar, revertir o de plano anular los resultados), la vida de los estados y de la República continúa y, poco a poco, las aguas que la turbulencia electoral agitaron vuelven a su cauce.

Diálogo, cárcel o reconciliación. Hay estados donde el eco de los tambores de guerra permanece y se escuchan amenazas de “cárcel” a los gobernadores salientes, como en Chihuahua o Veracruz, donde los ganadores, Javier Corral y Miguel Ángel Yunes, afirman que cumplirán su principal promesa de campaña, que fue llevar a juicio y al banquillo de los acusados a los mandatarios en turno, en medio de la expectativa de muchos y el escepticismo de otros. Pero también hay casos en los que, terminada la disputa por el poder, retorna el diálogo y la política.

Por ejemplo, los “primos” de Veracruz, que se enfrentaron en campaña, ya se reunieron a comer el miércoles pasado en una mesa de un concurrido comedero político de la Alameda Central, en la Ciudad de México. Ahí, a Héctor Yunes y Miguel Angel Yunes, los vieron de lo más tranquilos departiendo, en un encuentro que deja claro que el pleito no era de familias, sino de enemigos políticos, pues mientras Yunes Linares hace las paces con su primo, se enfrasca en una nueva confrontación pública con el gobernador Javier Duarte a quien, reitera, llevará a la cárcel.

La respuesta de Duarte, con un mensaje beligerante, en el que se defiende de las acusaciones del panista Yunes, a las que califica “de balandronadas y amenazas” y señala que “quien hoy agrede y vocifera…tiene un pasado de corrupción y perversiones, que trata de ocultar bajo un ridículo disfraz de justicieros y vengadores”, dijo en clara alusión al virtual gobernador electo. Rechazó las acusaciones de desvíos y dijo no temer “a los que usan la violencia verbal”. Al mismo tiempo, Duarte anunció la promulgación de una reforma constitucional, aprobada por el Congreso estatal, que elimina el fuero del gobernador del estado, en lo que se interpretó como una amenaza al gobernador entrante, quien dijo, sí tiene “denuncias formales por enriquecimiento ilícito y gravísimos señalamientos por falta de probidad como persona.

El mismo nivel de encono se observa aún en Chihuahua, donde el ganador de la elección del 5 de junio, Javier Corral, ha dejado claro que el ofrecimiento de “castigo a la corrupción” que lo llevó a derrotar de manera contundente al priismo en la entidad, no fue sólo un discurso de campaña. “No tiene vuelta de hoja, estoy convencido de que reconciliar la diversidad política en la unidad, debemos pasar por el encarcelamiento de César Duarte. La sociedad chihuahuense no encontraría motivos verdaderos para unificarse, si primero no se hace justicia…
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