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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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03 Noviembre 2017 04:00:00
Después de morir
¿Hay vida después de la muerte? La pregunta es quizá la más importante que nos hemos hecho desde el principio de los tiempos. Los humanos somos los únicos seres con conciencia de la muerte. Pero el conocimiento tiene un precio. Somos seres obsesionados por la muerte, le tenemos miedo.

Muchas religiones han supuesto que la muerte no es más que el paso a una nueva forma de vida. Las religiones son, en efecto, una fuente de esperanza ante el temor a la muerte. Muchas personas religiosas afirman que la idea de la muerte sólo puede soportarse por la esperanza de que en realidad es una puerta a la presencia permanente de Dios.

Pero la ciencia, ¿qué nos dice? La mayoría de los científicos han argumentado que no hay forma de probar o desmentir ni la existencia de Dios ni la de la vida después de la muerte. El tema debe quedar necesariamente en la fe, y la fe por definición está fuera del campo de la razón.

La vida es una extraordinaria combinación de un cuerpo, que nace, crece, se reproduce y muere, con una mente, o un alma, que construye una conciencia. La muerte inicia un proceso de descomposición de la materia orgánica. La gran pregunta es si se mantiene la conciencia aun cuando el cuerpo se descompone.

La física de Einstein nos enseñó que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Esas descargas de energía en nuestras neuronas que nos dan inteligencia, percepción sensorial y conciencia no se destruirán porque las neuronas dejen de operar. Pero ¿se mantendrá la conciencia sin las neuronas?

Sean Carroll, cosmólogo y físico de la Universidad de California, autor del libro The Big Picture: The Origins of Life, Meaning, and the Universe Itself (Dutton), dice que no, que es imposible. Para que pudiera haber una vida después de la muerte, la conciencia tendría que estar absolutamente separada de nuestro cuerpo, cosa que no ocurre. La conciencia es una forma de interacción de átomos y electrones. Las leyes del universo no permiten que estas partículas operen después de nuestra desaparición física.

“Las afirmaciones de que alguna forma de conciencia persiste después de que nuestros cuerpos mueren y se descomponen en sus átomos constituyentes se enfrentan a un gran e insuperable obstáculo: las leyes de la física que sustentan la vida cotidiana se han comprendido de manera completa y no hay forma en que estas leyes permitan que la información almacenada en nuestro cerebro persista después de la muerte. Si el alma no es nada más que átomos y las fuerzas conocidas, claramente no hay forma de que sobreviva a la muerte.”

Hay, por supuesto, otros puntos de vista. La mayoría de las personas en el mundo están convencidas de que hay vida después de la muerte. Lo creen no por algún conocimiento que haya escapado a los científicos sino porque tienen fe. Ciertamente, es más fácil enfrentar la muerte si estamos convencidos de que ésta es un paso a otra vida. También es más fácil superar el dolor de la muerte de un ser querido si pensamos que tarde o temprano lo encontraremos en algún otro lugar.

La visión de la conciencia como una interacción de átomos y energía no nos permite, sin embargo, el consuelo de la creencia en la vida después de la muerte. Las leyes de la física que han construido esa maravillosa combinación de materia y energía que es la conciencia nos dicen que al cesar esa interacción la conciencia desaparecerá.

SIN PRESUNCIÓN

Los políticos nos dijeron que el nuevo sistema de justicia en México privilegiaba la presunción de inocencia. La forma en que la PGR ha intervenido mil 500 cajas de seguridad de la empresa First National Security de Cancún, sin embargo, revela que esa presunción de inocencia, si acaso, se ha debilitado en nuestro país.
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