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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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18 Diciembre 2016 04:00:00
Destinos insólitos
¿A quién no le gusta viajar? ¿Quién no se complace con el placer de conocer lugares, personas y costumbres extrañas? Bueno, no dudo que algunas personas prefieren no moverse de su entorno y quedarse en su área de confort, su baño y su cama. Sin embargo, yo he tenido la fortuna de conocer prácticamente la totalidad de nuestra hermosa República Mexicana, sus playas, sus montañas, sus desiertos, sus zonas arqueológicas, sus tianguis, sus librerías y sobre todo sus comidas y su gente.

He tenido la fortuna de estar con las ballenas en la Baja California; he gozado con mis propios ojos del gran mural de pinturas rupestres en San Borjita, del mismo estado, y he tenido el placer de nadar, e incluso de ser arrollado por un tiburón ballena en el mar Caribe. Pero no sólo he conocido México, también tuve la fortuna de conocer cuando joven casi la totalidad de nuestro continente, desde las cataratas del Niágara en la frontera de Canadá y Estados Unidos hasta las de Iguazú en la frontera brasileña y argentina.

Ahora bien, ¿qué les parecería una guía turística de lo insólito? ¿Un listado de lugares increíbles en el mundo al que les agregara, además de lo extraordinario que de por sí ya resulta un nuevo lugar por conocer, detalles vinculados a lo extraño, a lo sobrenatural o lo raro?

Pues bueno, en ese afán mío de buscar sin ninguna metodología en las librerías de viejo, de hurgar en sus polvosos estanteros en busca de un nuevo tesoro que agregar a mi biblioteca, o en la búsqueda de ser sorprendido por el destino con un libro que, como diría uno de mis maestros, sea el libro el que me encuentra a mí, di con un texto de ágil lectura intitulado Guía Turística de lo Insólito, y que tiene entre sus páginas destinos de todo el mundo con el agregado de que los lugares descritos tienen alguna peculiaridad que les da esa cualidad de rareza y poco común, de insólito.

Arenas que cantan desde el desierto de Gobi hasta el Sinaí, pasando por Escocia, Hawaii, Brasil y el Valle de Copiapó en Chile. El lugar donde se puede encontrar la flor más grande y fétida del mundo. El Arca de Noé. Los mapas de Piri Reis –mapas imposibles por como describen al mundo mucho antes del descubrimiento de América–, las ruinas con los más extraordinarios, por gigantescos, bloques de piedra que alcanzan algunos de ellos por si solos hasta 100 toneladas. Los rollos de Qumrán que confirman muchas de las historias bíblicas y la mítica torre de Babel en Asia.

El más extraordinario museo paleontológico del planeta que guarda en su colección otro detalle imposible como el cráneo de un bisonte de la era cuaternaria ¡con un orificio de bala! El lugar con el promedio de longevidad humana más alto en el planeta. Túneles ramificados a orillas del mar Caspio. Un monstruo tan famoso como el de Loch Ness, pero que además no corresponde a ningún otro tipo de animal descrito, así como tumbas completas de mamuts, no sólo con el apreciado marfil, sino con carne todavía fresca, como si ayer hubieran sido cazados. Incluso pirámides, y hasta una montaña curativa en lo que era la antigua Unión Soviética.

Un bosque en un glacial de Alaska; un monte antigravedad en la provincia de Nueva Brunswick, Canadá; el cráter más grande del planeta, en Arizona; una bujía de hace 500 mil años, y algo tan contrastante como seres vivos de más de 5 mil años y un lugar donde no hay nada como el Valle de la Muerte, estos tres en California; un fantasma alcohólico en Delaware, Ohio, cruces con signos indescifrables en Georgia e inscripciones de un continente hundido –¿¡La mítica Atlántida!?– en Klamath, Oregon, así como una piedra con inscripciones canaaitas que datan del siglo 2 o 1 antes de Cristo en Lou-den, Tenesse, y la no menos famosa ciudad de Washington diseñada toda arquitectónicamente bajo la influencia de los masones en Estados Unidos.

El corredor maya desde México hasta Centroamérica con sus otros imposibles, como cráneos que ostentaban curaciones dentales en Campeche. Pakal, el astronauta, en Chiapas, y su inmenso Cañón del Sumidero, y nuestra nueva maravilla del mundo “moderno”, Chichén Itzá, que a más de ser un complejo arqueológico, es igualmente un calendario viviente, donde el rey sol baja dos veces al año montado en una serpiente y puedes, con las palmas de la mano, hacer cantar a los quetzales que siguen perdidos en la eternidad del tiempo que transcurre frente a la gran pirámide llamada El Castillo. La enigmática Zona del Silencio, en nuestros estados de Durango, Chihuahua y Coahuila –lugar donde, dicho sea de paso, yo estuve al mismo tiempo pisando las tres entidades en mención–. Los laberintos de tierra en Casas Grandes, del mismo llamado Estado Grande. La laguna más alta del mundo, que es la del Xinantecatl, Estado de México, y las esculturas imposibles en el Valle de las Siete Luminarias en Guanajuato, sólo por nombrar algunos destinos insólitos de nuestro amado país.

¡Ah! ¡Vacaciones! A propósito del tema, este sibarita se toma igualmente unos cuantos –dirían los clásicos– no sé si merecidos, pero sí necesarios días libres. Disfruten estas fiestas, disfruten del descanso, pero sobre todo disfruten de sus familias. Nos leemos nuevamente, si Dios nos presta vida y este mercenario 2016 no acaba con nosotros, el 15 de enero del año entrante.
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