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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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20 Enero 2019 04:00:00
Detonante
Hace 60 años, un muchacho saltillense interesado en la historia tenía la posibilidad de explorar las tres únicas ruinas que sobrevivían en la ciudad: la capilla de Landín, el Fortín de Carlota, en la prolongación de la calle de Allende al sur, y el Fortín de los Americanos, en la loma cercana al Ojo de Agua.

La iglesita de Landín, reproducida en la portada de uno de los libros de Miguel Alessio Robles, ya destechada, conservaba su portadita barroca y dos paredones laterales. Del fortín construido por los franceses durante la Intervención únicamente quedaba entonces una pared de adobe, aprovechada por un vecino como parte de su casa.

El Fortín de los Americanos, construido por los norteamericanos durante la invasión a nuestro país, era sin exagerar, una letrina maloliente. Del fortín quedaban dos o tres muros, también de adobe. El tiempo, la lluvia, el viento y el desinterés por conservar esa modestísima instalación militar acabaron por convertirla en polvo. Desapareció. Hoy puede verse únicamente en amarillentas fotografías antiguas.

En los años 70 del siglo pasado, el gobernador Óscar Flores Tapia decidió dignificar el sitio. Para hacerlo, maquinaria pesada convirtió la loma en una meseta y se construyó la que fuera bautizada como Plaza México o el Mirador. Se removieron muchas toneladas de tierra. Años después se supo que durante los trabajos se encontraron restos de soldados norteamericanos muertos posiblemente de alguna enfermedad –en el lugar no se registró ninguna batalla durante la invasión–, y sepultados en las inmediaciones del fuerte.

Juan Pablo Rodríguez, presidente municipal en aquellos años, contaba que, en una operación con visos de extraoficial, un avión de la Fuerza Aérea estadunidense voló a Saltillo para repatriar los restos y llevarlos a un cementerio del Ejército.

Con una ubicación privilegiada que domina el valle, el fortín fue utilizado por fuerzas de don Victoriano Cepeda para defender la ciudad en noviembre de 1871 de los seguidores del Plan de La Noria comandados por Jerónimo Treviño. Los atacantes sitiaron Saltillo tres semanas. Finalmente capturaron el fortín y los otros dos puestos defensivos ubicados en el promontorio de la iglesia del Calvario y en la Plaza de la Marqueta, hoy Plaza Madero, en la esquina de Aldama y General Cepeda.

En marzo de 1913, el lugar fue escenario de un combate entre los carrancistas y las fuerzas federales acantonadas en la ciudad. Los hombres de Carranza fueron derrotados, y el Varón de Cuatro Ciénegas se retiró al norte para lanzar en la Hacienda de Guadalupe su plan revolucionario.

La obra realizada por el Gobierno de Flores Tapia tuvo la virtud de dignificar un área olvidada. La Plaza México se convirtió, gracias a ello, en un sitio atractivo.

Transcurrieron cuatro décadas y pocas autoridades se ocuparon del Ojo de Agua. En el Gobierno de Humberto Moreira se entubaron las fétidas aguas negras que por años corrieron a cielo abierto a lo largo de la calle Libertad, a un costado de la iglesia. Siendo presidente municipal Óscar Pimentel, se construyó una réplica del arranque del acueducto que surtía de agua a Saltillo, y en el trienio de Fernando de las Fuentes hubo el remozamiento de una pequeña plaza.

Ahora se despertó una controversia a propósito de la instalación de una torre en terrenos del Mirador. En lo personal, y sin afán de iniciar una polémica, espero que las obras no sólo queden en la construcción de la torre, sino que constituyan el detonante de un proyecto más amplio de recuperación, tan urgente en esa zona.

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