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Federico Muller
Federico Muller
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11 Mayo 2018 04:00:00
Deuda pública: ¿motor de crecimiento o de recesión?
La deuda pública se puede analizar desde una perspectiva histórica, con diferentes ópticas y puntos de vista que permiten conocer sus efectos positivos o negativos en la economía de un país. Uno de ellos puede ser el destino que se da a los empréstitos del exterior. La experiencia de México en ese sentido ha sido muy perniciosa, con gobiernos que han endeudado al país al grado de agotar las reservas internacionales del Banco de México y enseguida salir a declarar la moratoria en las obligaciones contraídas por no poder cubrir los pagos a los acreedores internacionales. Los préstamos recibidos en dólares del extranjero se malgastaban en gasto corriente (consumo), inversiones improductivas y otra parte de la deuda se “esfumaba”, provocando el enriquecimiento ilegal de políticos y empresarios afines al sistema, o mejor dicho por los compadrazgos entretejidos con los gobernantes en turno.

Los resultados que se tuvieron de los elevados déficits fiscales eran una galopante inflación y un alto déficit en la cuenta corriente, entre otros, y posteriormente, como si lo anterior no fuera poco, la sociedad mexicana se sometía a los ajustes draconianos que imponía el Fondo Monetario Internacional (FMI), que los gobiernos mexicanos sumisamente aceptaban a través de las firmas de las cartas de intención, con tal de obtener recursos frescos. El control de los salarios, el recorte del gasto público y las elevadas tasas de interés eran las medidas que se aplicaban para tratar de saldar las deudas públicas. Así, el bienestar de las familias se veía menoscabado y los índices de pobreza se elevaban, acompañados del crecimiento de la economía informal y el aumento de la desigualdad en el ingreso. Otro caso muy diferente era lo que hacía Estados Unidos con la deuda pública a finales del siglo 19: con ella logró construir la estructura industrial que lo llevaría a desbancar al Reino Unido del liderazgo mundial.

El ciclo político-electoral. Los déficits fiscales se incrementan en vísperas de las elecciones, cuando se avecinan cambios en los principales puestos públicos, y eso no sucede solamente en México sino en la mayoría de las democracias del planeta. Generalmente se trata de favorecer a los candidatos postulados por el partido político en el poder, aumentando la deuda a través de la construcción de obra pública, y con ello formar una imagen positiva del Gobierno en el potencial elector. Guardando las debidas proporciones, los saltillenses han visto cómo las principales áreas verdes y camellones de las avenidas más transitadas de la ciudad han sido acicalados, tratando de mostrar al automovilista una localidad limpia y ordenada; quizá las obras de embellecimiento se deban a las próximas elecciones municipales. Aunque los ajustes impositivos aparecen después de los sufragios, los gobiernos responsables tratan de compensar el incremento en el gasto público por las elecciones con la subida de impuestos, tratando de equilibrar el presupuesto.

La deuda pública en Coahuila. Hace unos cuantos días, la organización México ¿Cómo Vamos? hizo del dominio público el estado que guarda la deuda pública del país y de las entidades federativas, y entre ellas obviamente sobresale Coahuila por sus elevados pasivos. Su deuda pasó de 0.5% del PIB estatal en 2009, a 5.6% en 2017; esta última tasa está por encima de la tasa de la deuda nacional, que en el último trimestre de 2017 cerró en 4.1% del PIB nacional. Aquí el problema radica en el escaso margen financiero que tiene el Gobierno estatal en turno para cumplir con las obligaciones monetarias heredadas y realizar obra pública, pues los pasivos irresponsablemente adquiridos, según cálculos conservadores, se podrán cubrir en una o dos generaciones más de coahuilenses. Y habrá que esperar varios años más para conocer los documentos que muestren el monto real y destino de la deuda del Gobierno de Coahuila.
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