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Juan Latapí
Juan Latapí
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24 Septiembre 2017 03:10:00
Días de luto y esperanza
ESTOS DÍAS HAN SIDO DE luto y dolor, pero también de esperanza y orgullo al poder ver de nueva cuenta cómo la solidaridad desinteresada de la sociedad civil, de la gente común, salió a la calle y se organizó, como pocas veces suele verse. Atrás quedaron las desafortunadas declaraciones a raíz del temblor del 85 del entonces presidente De la Madrid cuando declaraba que “la sociedad civil es parte del Estado, pueden irse a sus casas, ya los llamaremos si los necesitamos”; o las palabras también poco atinadas del entonces líder del PAN, Carlos Castillo Peraza, al preguntar “¿quién es esa señora Sociedad Civil, que nadie sabe decirme dónde vive?

A PESAR DE LOS PESARES, esta semana la sociedad deshumanizada se humanizó volcándose para ayudar a las víctimas de la tragedia, aunque haya sido por unas horas o por varios días. Ese gesto espontáneo y desinteresado es el que derrota a la indiferencia y la apatía, que emociona y hace llevadero el dolor de los supervivientes y de los familiares de las víctimas, esa actitud que cuando se necesita surge incansable.

SIN EMBARGO, SON DÍAS DE dolor en los que circula información falsa en los medios de comunicación y en las redes sociales, donde pseudoperiodistas y quienes presumen de bien informados confunden y engañan con verdades a medias y viles mentiras tan sólo para ganar rating y “likes”. Pero también son días de orgullo al poder contar con algunas fuentes de información confiables, que investigan la información y la publican profesionalmente, y sobre todo de quienes hacen uso responsable de las redes sociales para informar objetivamente, para canalizar los diferentes tipos de ayuda, solidarizarse ante la tragedia, sin fines protagónicos y que no buscan seguidores.

SON DÍAS DE DOLOR AL ver la incapacidad de nuestros gobernantes que no dan pie con bola, que han sido rebasados –una vez más- por la sociedad civil, que no inspiran la más mínima confianza, que sólo buscan salir en la foto, hacerse publicidad a costa del dolor, que han sido corridos de los sitios de la tragedia en medio de insultos y reclamos por parte de la gente. Pero también son días de orgullo al poder ver cómo la gente se organiza para las labores de rescate arriesgando la vida, incansables, poniendo en riesgo su integridad y salud, ver a miles que apoyan en diversas tareas, de ayudarse desinteresadamente entre sí, de demostrar que ante la tragedia la solidaridad está más viva que nunca.

SON DÍAS DE DOLOR CUANDO los partidos políticos se aprovechan de la desgracia para hacerse publicidad, de llevar agua a su molino, al cacarear que donarán parte del dinero que injustamente se les otorga —que es producto de nuestros impuestos-, que vociferan a los cuatro vientos esa “ayuda”, misma que tan sólo unos días antes tachaban de populista cuando Morena lo propuso para ayudar a las víctimas de Oaxaca. Pero también son días de orgullo al ver decenas de miles de voluntarios que con toda discreción se sacrifican compartiendo lo poco que tienen para ayudar a sus semejantes, que no están donando lo que les sobra, por esos héroes anónimos que no buscan los reflectores sino simplemente ayudar desinteresadamente a quienes los necesiten.

Motivo de orgullo también ha sido ver la presión de la sociedad civil que en tres días juntó más de un millón de firmas para obligar a los partidos políticos para recortar el dineral que el INE le da, sociedad que ha exhibido a políticos y gobernantes como personas ajenas e indiferentes a la gente, que son repudiados y están más devaluados que nunca.

SON DÍAS DE DOLOR AL poder confirmar la tremenda desconfianza que como sociedad civil tenemos en nuestras autoridades e instituciones, en que desconfiamos totalmente del destino de los donativos que se están recibiendo de todas partes y sabemos que mentirán al rendir cuentas. Pero también son días de orgullo de ver cómo la sociedad civil ha propuesto la creación de fideicomisos independientes del Gobierno para administrar las ayudas y donativos, de cómo aún queda gente honesta y desinteresada.

DESAFORTUNADAMENTE, DESPUÉS DE LA EMERGENCIA vendrá la crisis y con ella los escándalos, mientras tanto, conforme pasen los días el dolor tendrá que superarse poco a poco, sin embargo, esperamos que el orgullo que sentimos por toda esa gente que se la ha rifado, que ha respondiendo altruista y desinteresadamente, prevalezca y dure el mayor tiempo posible. No tenemos la menor duda que una vez más el país saldrá adelante gracias a su gente, porque en México la gente es más grande que sus gobernantes.

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