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Dalia Reyes
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13 Enero 2018 04:00:00
Difícil adiós
Me ahorraría al menos 15 minutos durante la compra si botara en el carrito los artículos adquiridos en el súper, pero esa malhadada conciencia social construida por los ecologistas y el inminente fin del mundo, me lleva a trabajar en un orden meticuloso cuyo trágico fin acaba apenas llega al sitio de cerillos y empacadores.

Empiezo con frutas y verduras, colocadas de mayor a menor macicez al fondo del carrito, bajo la parrilla expandida, para mayor protección. Luego están los abarrotes, organizadas en cajotas, cajitas y mini tetrabrik hasta arriba. El huevo, toda clase de panes y galletas se acomodan en la cúspide, dejando la parrilla para los cárnicos y lácteos. ¿Cómo podría fallar ese orden?
Al llegar a la caja registradora me adelanto lo suficiente para decirle al empacador que llevo mis bolsas ecológicas, una tras otra aparecen, cual palomas en sombrero de mago. Apostaría a que son suficientes para mi compra, pero ellos se encargan de mostrarme lo contrario.

Con artes de prestidigitación, la cajera, en contubernio con los cerillitos y cerillotes, ocupa 30 segundos en desordenar mi orden de dos horas. Los plátanos aparecen colgados del suavizante sin enjuague, en tanto la sal se ve envuelta en cierto romance con la carne molida. Mis bolsas reciclables se acumulan en modos imposibles dentro del carrito, agotándose con apenas una tercera parte de los productos.

Las bolsas plásticas hacen su aparición. Cabe en ellas tantas mercancías como aberraciones: ¿qué voy a hacer con ellas si ni el frutero las acepta ya? Veo con pavor cómo entran abarrotes, productos de limpieza, un brócoli y dos manzanas.

Las acciones suceden tan rápido. Trato de explicarme en qué momento se distrajeron de mi pulcro orden y prefirieron hacer una organización borgiana, pero tengo que pagar, “¿dona 22 centavos?”, digo que no a la señorita; busco la tarjeta, excavo en la bolsa buscando monedas, ¿debo darle propina después de tanto caos?, estiro la mano, entrego cinco pesos.

Empujo el carrito con la expresión que tendría si sobrevivo a una invasión extraterrestre. Miro mis bolsas ecológicas: están a medio llenar, en tanto las plásticas se burlan de mí, rebosantes.

¿Cómo diremos adiós a las bolsas?

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