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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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03 Mayo 2015 03:10:48
Don Genito revivió
Salió corriendo por el callejón de la cuartería…

Los pelos del copete levantados al chocar contra el viento de aquel otoño gris… descalzo, los pies apenas tocaban la calle empedrada, iba danzando sobre la superficie.

Detrás de él, su madre, doña Benita, se agachó y tomó una piedra…

“Ahora verás hijo de la gramputa”… lanzó con aquella certeza de quien conoce bien su brazo… como quien no requiere de apuntar mucho… o quizá, como quien sabe que va a fallar.

Y falló…

Bueno, falló en pegarle al Neto, su chaval de cinco años… prieto, seco y huesudo…

Pero no falló en darle en la mera frente a don Genito…

hombre de 75 años de edad… chaparrito, cabeza blanca con pelo de cepillo.

El hombre nomás entornó los ojos en la silla donde estaba sentadito, y se puso blandito…

El mundo se detuvo… los gritos se contuvieron… Neto detuvo la carrera… su madre Benita quedó con el brazo humeante en alto… yo dejé en suspenso la mordida de un taco de zaragaya… Chibirico venía en pleno vuelo desde la rama del hule, y a fe mía que se hubiera quedado suspendido en el aire… Víctor el Ganso babeó sobre el cazo con manteca que andaba vendiendo casa por casa…

“Ay, virgencita… ¡ya me eché al viejito!”…

El grito de Benita rompió la magia que duró lo que un suspiro.

Lánguido el cuerpo… no sangraba -era lo bueno- del sitio en que recibió la pedrada, justo en la frente.

Era una piedrecilla bola… que divisé a unos dos metros de la silla.

“Pichojitos… Chibi… échenle una mirada a don Geno…

por favorcito… échenle una mirada a ver si está vivo”.

Yo todavía tenía el taco en movimiento congelado hacia la boca… y Chibirico estaba con las patas temblorinas…

el Ganso pelaba tamaños ojotes.

“Pa’ mi que ya felpó, seño… ya felpó”…

No estaba tieso… pero no se le notaba el resuello.

Desde que Felipe La Cotorra me levantó para ver a mi abuela Pavita en el velorio, nunca había visto un muerto.

Entonces salió doña Chucha de la cuartería congalito…

Vio aquella escena y meneó la cabeza… “¿Qué hiciste Benita?”

“Creo que me eché a don Genito”…

La mujer aspiró su cigarrote de hoja… café oscuro y apestoso…

“Bueno, vete pa’ adentro… hay cliente preguntando por ti”.

Ella quiso resistirse… ¿Cómo iba a ir a trabajar si allí tenía a un difunto?

Pero la voz de doña Chucha fue terminante… “Que te metas, te digo”.

Le habló a Nicolasa, la ayudanta… la chamaca entró corriendo con el vestido al vuelo a la cuartería y salió con una bolsita que le dio a doña Chucha…

Ella se acercó a don Genito… estando cerca sacó un gran calzón colorado y se lo aventó a la cara…

¡Vaya!… yo sabía que a los difuntos se les cubre con una sábana… o con trapos… ¿Pero con un calzón?

“Este es mi levantamuertos”, dijo…

Entonces ocurrió el milagro… don Genito se movió lento… apretó el calzón contra su cara y aspiró más hondo…

“Ay, Jesusa… ¿Entonces sí me lo vas a fiar?”

Se acabó el encanto… doña Chucha regresó… don Genito se abrazó a su regalo… el Neto regresó, ya sin el sofoco.

“Oye… ¿Y por qué corrías?”

Se rascó la cabeza… la meneó…

“¡Ah!… es que en la noche tenía ganas de mear… y por no salir me oriné en una botella de caguama y mi mamá…”

Entonces se volvió a escuchar el mismo grito…

“¡Hiiiiiiiijo de la grampuuuuuta!”

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